Lejos de las rutas turísticas más concurridas, en el corazón del concejo asturiano de Cabrales, se esconde una auténtica joya: el pueblo de Asiegu. Aquí, el tiempo parece haberse detenido, mientras la naturaleza y las personas conviven en perfecta armonía. Extendida sobre verdes laderas, la aldea ofrece a sus visitantes impresionantes vistas del majestuoso pico Urriellu, conocido principalmente como Naranjo de Bulnes. Asiegu no es solo un punto en el mapa, sino un portal a la España rural más auténtica, esa que muchos buscan pero no todos consiguen encontrar.
No es de extrañar que en 2019 la Fundación Princesa de Asturias otorgara a este pueblo el prestigioso galardón de “Pueblo Ejemplar”. Este reconocimiento premió el esfuerzo de sus habitantes, quienes con increíble dedicación y constancia preservan su herencia cultural, el paisaje natural único y un modo de vida centenario, inseparable de las montañas.
El tiempo detenido en los barrios medievales
Pasear por Asiegu es viajar al pasado. El pueblo se compone de casi una veintena de pequeños barrios, cada uno con su propio carácter. En el más antiguo, La Calleya, se pueden contemplar edificaciones cuyos muros han sido testigos de episodios medievales. Las casas de piedra, cubiertas por musgo aterciopelado, y las robustas puertas de madera que desprenden un sutil aroma a antigüedad, crean una atmósfera incomparable. La iglesia local de San Miguel atesora verdaderas joyas: frescos restaurados del siglo XVI, considerados una de las mejores muestras del barroco rural de la región.
Un paisaje que corta la respiración
Calles empedradas serpentean conectando barrios de nombres poéticos y llevan a miradores desde donde se divisa un horizonte coronado por los picos de Europa. Uno de esos lugares mágicos es el pastizal de Tebrandi, utilizado por pastores desde tiempos inmemoriales. Desde aquí se contemplan los tres macizos de los Picos de Europa, la montaña Sueve y la sierra de Cuera. Este espectáculo, especialmente al atardecer, cuando el sol tiñe de dorado y carmesí las rocas y los tejados de piedra, deja una huella imborrable. La silueta majestuosa del Urriellu recortándose sobre el cielo en llamas es una imagen que justifica el viaje a estas tierras.
Tradiciones vivas y el sabor de Asturias
Asiegu no es un museo al aire libre, sino un lugar donde las tradiciones siguen vivas. Un claro ejemplo es el conjunto escultórico «La Venida de les Vaques», dedicado al regreso de las vacas de los pastos. No es solo un monumento, sino una auténtica obra de arte creada por José Saagún, que rinde homenaje al duro trabajo de los pastores. Además, por iniciativa de los propios vecinos, se creó la original ruta «Ruta’l Quesu y la Sidra». Esta permite a los visitantes sumergirse en la cultura gastronómica local: visitar queserías, adentrarse en cuevas donde madura el famoso queso Cabrales y acercarse a los ‘llagares’ donde se elabora la tradicional sidra asturiana.
Fusión con la naturaleza a través del arte
Los habitantes locales han ideado otra forma original de compartir la belleza de su tierra con los visitantes. El proyecto de «bancos apadrinados» invita a cualquiera a «adoptar» simbólicamente uno de los 21 bancos distribuidos en los rincones más pintorescos. Cada uno ofrece una perspectiva única del paisaje, creando una ruta especial para la meditación, la contemplación y la reflexión. No son simples lugares de descanso, sino puntos de atracción que ayudan a profundizar el vínculo con la naturaleza y a valorar la importancia de preservar la vida rural. Asiegu ofrece a sus visitantes una experiencia invaluable, recordando que en Asturias todavía existen rincones donde cada piedra y sendero tienen una historia fascinante que contar.












