
Este lunes comenzó en Madrid un proceso judicial calificado ya como histórico para la España contemporánea. Por primera vez, el Tribunal Supremo juzga a un fiscal general en ejercicio: Álvaro García Ortiz. Se le acusa de violar el secreto de sumario, un caso que podría impactar a todo el sistema judicial.
Las audiencias arrancaron con la revisión de cuestiones procesales, tras lo cual los magistrados interrogaron a los primeros testigos. Para esa jornada estaban previstas seis declaraciones, y en total, durante las próximas dos semanas, se espera la participación de unas cuarenta personas, entre peritos y testigos presenciales. El ambiente en la sala es tenso: cada palabra es observada con detenimiento ya que en el banquillo se sienta quien hasta hace poco lideraba las acusaciones en causas de gran resonancia.
En el núcleo del caso está la filtración de un correo electrónico vinculado a la defensa de Alberto González Amador, pareja de la presidenta del gobierno madrileño. La investigación no logró hallar pruebas directas de que García Ortiz fuera quien impulsó la publicación de dicha información en los medios. Tampoco se pudo determinar si él ordenó difundir la carta entre los periodistas.
No obstante, el juez instructor insistió en llevar el caso a juicio. Argumentó dos aspectos clave: que el fiscal recibió la controvertida carta antes de que saliera a la prensa y que eliminó datos de sus dispositivos personales. Estos detalles fundamentaron la acusación, pese a la ausencia de pruebas directas.
El proceso se desarrolla en medio de intensos debates en el ámbito jurídico y entre políticos. Muchos expertos opinan que el resultado del caso puede establecer nuevos estándares para el trabajo de la fiscalía y el manejo de información oficial. Se espera que las audiencias duren al menos dos semanas y que sus resultados tengan consecuencias a largo plazo para todo el sistema judicial del país.












