
En España continúa un intenso debate en torno al caso de vigilancia al ex presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès. El Tribunal Supremo del país confirmó recientemente que la mayoría de los documentos relacionados con el uso del software espía Pegasus seguirán clasificados como secretos. Esta decisión ha provocado indignación entre los políticos catalanes y los partidarios de la independencia.
La historia comenzó hace varios años, cuando se descubrió que el teléfono móvil de Aragonès, quien entonces ocupaba el cargo de vicepresidente y lideraba el partido Esquerra Republicana, fue pirateado mediante el programa israelí Pegasus. Este software permite acceder de forma encubierta a llamadas, mensajes y archivos en el dispositivo. En 2022, se supo que decenas de políticos catalanes fueron espiados de manera similar, lo que desató un gran escándalo y una ola de protestas en Barcelona y otras ciudades de la región.
En respuesta a la presión social, las autoridades españolas prometieron desclasificar parte de los materiales vinculados a la actuación del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en este caso. Sin embargo, finalmente solo se publicaron tres informes, mientras que el resto de los documentos permanecieron cerrados. La razón oficial: proteger la seguridad nacional y evitar revelar los métodos de trabajo de los servicios secretos.
El Tribunal Supremo, tras revisar la apelación del gobierno catalán, respaldó la postura de Madrid. Los magistrados consideraron que la difusión de información adicional podría poner en riesgo no solo la seguridad de los ciudadanos, sino también la estabilidad de todo el sistema legal del país. Esta decisión provocó una reacción contundente de Pere Aragonès, quien acusó a las autoridades españolas de anteponer los intereses de los servicios de inteligencia a los derechos de la ciudadanía a la libre actividad política.
El escándalo en torno a Pegasus ha vuelto a tensar las relaciones entre Madrid y Barcelona. Los políticos catalanes consideran que la negativa a revelar todos los detalles del caso evidencia la debilidad del Estado y la falta de voluntad para dialogar con el movimiento independentista. Al mismo tiempo, el gobierno central insiste en la necesidad de mantener el secreto por razones de seguridad nacional.












