
El Vaticano ha iniciado una investigación canónica contra Rafael Zornoza, obispo de la diócesis de Cádiz y Ceuta, acusado de acoso sexual a un menor a principios de los años 90, cuando era sacerdote y dirigía un seminario en Madrid. Aunque la causa penal ya no puede prosperar debido a la prescripción, las instancias eclesiásticas recibieron una denuncia de la presunta víctima el verano pasado. Tras ello, la Santa Sede consideró las acusaciones creíbles y ordenó la apertura de la investigación.
Sin embargo, a pesar de la gravedad de las acusaciones, Zornoza sigue en su cargo y tiene acceso a menores. En los cuatro meses transcurridos desde la presentación de la denuncia, no se ha aplicado ninguna medida restrictiva contra él. Esto genera desconcierto entre los expertos en derecho canónico, ya que en casos similares lo habitual es apartar temporalmente al sospechoso de sus funciones para evitar posibles nuevos incidentes y proteger a los testigos.
Respuesta de las estructuras eclesiásticas y ausencia de medidas
En los últimos años, el Vaticano ha subrayado en varias ocasiones la necesidad de responder con rapidez ante este tipo de acusaciones. En concreto, un reciente informe de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores destaca la importancia de apartar rápidamente a los sacerdotes sospechosos. Sin embargo, en el caso del obispo de Cádiz no se ha tomado ninguna medida. Es más, continúa participando en la comisión episcopal de misiones y cooperación con otras iglesias.
El propio Sornoza ha rechazado las acusaciones y ha suspendido temporalmente su agenda pública, alegando la necesidad de esclarecer la situación y problemas de salud. Sin embargo, no se le ha impuesto una prohibición oficial de contacto con menores, y la Conferencia Episcopal Española tampoco ha impulsado su destitución, argumentando la falta de competencias y trasladando la responsabilidad al Vaticano y a los tribunales eclesiásticos.
Comparativa con otros casos y detalles de las acusaciones
El caso de Sornoza contrasta de forma notable con situaciones recientes, en las que sacerdotes fueron apartados del ministerio apenas unas semanas después de conocerse las acusaciones. En un caso similar contra un jesuita, la decisión de inhabilitación se tomó en solo dos meses. En cambio, en el caso del obispo de Cádiz ya han pasado cuatro meses y sigue ocupando todos sus cargos.
La denuncia presentada en el Vaticano incluye no solo acusaciones de acoso sexual, sino también menciones al abuso de confianza durante la confesión. La víctima sostiene que la confesión fue utilizada como herramienta de presión psicológica y manipulación. El derecho canónico prevé sanciones especialmente severas por este tipo de actos, incluyendo la posible expulsión del clero.
Preguntas al sistema eclesiástico y próximos pasos
Aunque Sornosa ya había alcanzado la edad en la que, según las normas eclesiásticas, debía presentar su renuncia, se le permitió continuar en el cargo. En estos casos, el Papa suele aceptar la dimisión sin demora, especialmente cuando hay acusaciones graves. Sin embargo, también en este caso la decisión se está posponiendo.
El Vaticano justifica la ausencia de medidas restrictivas argumentando que espera la finalización de la investigación preliminar. Según afirman, en cada caso la decisión se toma de forma individual. Mientras tanto, la causa ha sido remitida al tribunal eclesiástico, que deberá emitir un dictamen. Por ahora, el obispo sigue desempeñando sus funciones, lo que genera desconcierto entre muchos observadores y vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la transparencia y eficacia de los procedimientos eclesiásticos en este tipo de casos.












