
En este año académico, los colegios privados de formación profesional en Andalucía han recibido una cantidad récord de autorizaciones para admitir estudiantes. Las autoridades regionales les concedieron 9.450 plazas, lo que supone casi cuatro veces más que en los centros públicos, donde solo se han abierto 2.588 plazas. Además, no se ha puesto en marcha ningún curso nuevo con financiación pública.
Este desequilibrio a favor del sector privado no es nuevo, pero en el último año la situación se ha agravado notablemente. Desde la llegada del nuevo responsable del área educativa, el número de autorizaciones para colegios privados ha alcanzado un máximo histórico. Ahora, los centros privados ofrecen muchas más plazas que los públicos, y esta diferencia sigue aumentando.
Expertos en educación manifiestan preocupación: esta tendencia puede aumentar la desigualdad. Los colegios privados se concentran en las áreas más rentables — salud, tecnología e informática y deporte, donde la matrícula puede alcanzar entre 4.000 y 6.000 euros al año. En los últimos 13 años, el número de plazas en los centros privados casi se ha multiplicado por diez, mientras que en los públicos solo ha crecido un 51%.
Como resultado, muchos graduados de secundaria que no lograron ingresar a colegios públicos se ven obligados a pagar por una educación privada o, directamente, a abandonar sus estudios. El año pasado, alrededor de 30 mil aspirantes se quedaron sin plaza en instituciones estatales. Las autoridades aseguran que la situación con la distribución de plazas está mejorando, pero no proporcionan datos exactos sobre el número de rechazos.
Según los inspectores, en los colegios privados las calificaciones de los estudiantes suelen estar infladas y casi todos los egresados obtienen su diploma. Esto genera la ilusión de que es fácil acceder a la educación superior, especialmente en comparación con los colegios públicos, donde las exigencias para los estudiantes son mayores. Los cursos virtuales de los colegios privados prácticamente no están regulados y las inspecciones se realizan de manera selectiva y no siempre exhaustiva.
Al mismo tiempo, la publicación de permisos para colegios privados en boletines oficiales no va acompañada de controles adicionales por parte de las autoridades. Las empresas deciden por sí mismas cuándo y cómo pagar las tasas necesarias, lo que genera dudas sobre la transparencia del proceso.
Representantes de los colegios privados reconocen que el acceso a los mejores programas corresponde, ante todo, a quienes pueden pagarlo. Al mismo tiempo, los sindicatos señalan que muchas familias se ven obligadas a endeudarse para la educación de sus hijos y que el sistema se vuelve cada vez más elitista. Como resultado, los colegios privados continúan aumentando su volumen, mientras que el sector público pierde posiciones.












