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Aragón tiene su propia Suiza: un pueblo alpino para una Navidad perfecta

Tejados nevados y secretos de espías: descubre un pueblo de España sacado de un cuento de hadas

Parece un paisaje alpino, pero es España. Casas de piedra bajo la nieve. Un hotel de lujo en una antigua estación. Descubre este rincón de los Pirineos. Te sorprenderá.

Imagine un edificio monumental cubierto de nieve, con tejados puntiagudos y una atmósfera de lujo envuelta en los misterios del pasado. Este paisaje, digno de una postal suiza, en realidad está mucho más cerca de lo que parece: en pleno corazón de los Pirineos aragoneses. El perfil de este pequeño pueblo, que se eleva entre cumbres montañosas, atrae cada invierno a viajeros en busca de un auténtico cuento navideño, sin necesidad de cruzar la frontera.

La estación-palacio

El municipio está de hecho dividido en dos partes. La primera es el centro histórico, atravesado por la ruta aragonesa del Camino de Santiago. La segunda corresponde al área de la antigua estación internacional, inaugurada en 1928 y hoy transformada en un hotel de lujo. Este complejo ferroviario, reconocido como Bien de Interés Cultural, ha sido cuidadosamente restaurado para conservar su carácter monumental y devolver a este lugar el esplendor de antaño como nudo estratégico entre España y Francia.

Actualmente, el edificio de la estación alberga el hotel Royal Hideaway de cinco estrellas. Sus interiores fusionan la estética art déco con un servicio de máxima excelencia. Destacan sus singulares espacios gastronómicos, como el restaurante Canfranc Express, galardonado con una estrella Michelin y un Sol de la Guía Repsol. Se ubica en el interior de un vagón ambientado como el legendario ‘Orient Express’, y cada rincón evoca la época dorada en la que estos raíles eran recorridos por trenes repletos de diplomáticos y espías.

Los misterios del pasado

La historia de este lugar va más allá del lujo y los viajes. Durante la Segunda Guerra Mundial, la estación internacional fue escenario de operaciones secretas. Aquí se entrelazaron el espionaje, el contrabando y relatos sobre el oro nazi, lo que añade a este enclave pintoresco un aura de misterio y aventura. Las paredes de la estación recuerdan no solo el silbido de los trenes, sino también negociaciones secretas que cambiaron el curso de la historia.

Vacaciones de invierno

Los alrededores del pueblo son ideales para una escapada invernal. Desde aquí es fácil acceder al Parque Natural de los Valles Occidentales, visitar la cueva de Las Güixas o recorrer el sendero que lleva a la cima de la Madalena. Los amantes de las actividades al aire libre apreciarán la cercanía de las estaciones de esquí como Candanchú y Astún. En el casco antiguo se conservan la iglesia de la Asunción y el puente medieval de los Peregrinos, que incrementan el encanto de este lugar.

Sabores del Pirineo

La experiencia gastronómica en Canfranc no se limita al restaurante del hotel. En el propio pueblo se puede disfrutar de la auténtica cocina pirenaica, basada en productos locales. Muchos visitantes aprovechan para probar platos tradicionales como el estofado de jabalí, las migas a la pastora o las alubias con oreja y chorizo, especialmente populares durante los meses fríos. En los bares y restaurantes locales se ofrecen platos con setas de temporada, trucha del río Aragón y cordero asado, todo ello bien acompañado por los vinos de la región de Somontano.

Llegar a esta postal navideña es sencillo. Desde Zaragoza, el viaje en coche dura aproximadamente una hora y cuarenta y cinco minutos por las carreteras A-23 y N-330. Desde Huesca, el trayecto es aún más corto: solo una hora. Hay una opción aún más especial: en determinadas fechas, incluidos los días de Navidad, circula hasta aquí el histórico “Tren Azul”, que conecta la capital aragonesa con este enclave pirenaico.

Por cierto, la Estación Internacional de Canfranc, inaugurada en 1928 en presencia del rey de España Alfonso XIII y del presidente de la República Francesa Gaston Doumergue, fue la segunda más grande de Europa en su época. Su edificio principal mide 241 metros de largo y cuenta con 75 puertas a cada lado. El tráfico por la línea internacional se interrumpió en 1970 tras el derrumbe del puente L’Estanguet en territorio francés, provocado por el descarrilamiento de un tren de mercancías. La rehabilitación de este magnífico edificio para convertirlo en hotel ha sido uno de los proyectos de conservación patrimonial más ambiciosos de España en los últimos años.

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