
En Aragón, donde los pequeños pueblos llevan años perdiendo habitantes, una decisión inesperada de las autoridades locales ha provocado cambios notables. En el pueblo de Almochuel, con apenas 22 residentes, la apertura de un bar con tienda no solo fue noticia, sino un verdadero acontecimiento que transformó el día a día. Gracias a esta iniciativa, se espera un aumento de población: por primera vez en mucho tiempo, nacerá un segundo niño en la localidad.
Una familia argentina, Darío Ferreira y Florencia Goggiano, se trasladó a Almochuel tras ganar el concurso para gestionar el nuevo bar. Recibieron vivienda gratuita y un puesto como empleados municipales. Desde la inauguración del establecimiento en septiembre, la vida en el pueblo ha cobrado vitalidad: ahora es posible tomar un café o una cerveza, hacer compras, conversar y compartir las noticias. Para los habitantes, el bar se ha convertido en algo más que un lugar de ocio: es el auténtico punto de encuentro del pueblo.
Impacto social
En Aragón, la despoblación rural es un problema especialmente grave: más de la mitad de la población regional se concentra en Zaragoza, y la mayoría de los municipios tiene menos de 500 habitantes. La ausencia de servicios básicos —transporte, escuelas, centros médicos— es algo habitual desde hace tiempo. Pero pocos consideran que la desaparición de los bares también erosiona el tejido social. Donde falta un bar, la gente pierde no solo un lugar de reunión, sino también el sentido de comunidad.
En 2023, casi una cuarta parte de los pueblos de Aragón se quedó sin bares y en la mitad de las localidades sólo funciona un establecimiento de este tipo. Para muchos habitantes, no es simplemente un lugar para tomar algo, sino la única oportunidad de reunirse con los vecinos, enterarse de las novedades y sentirse parte de la comunidad. Los expertos advierten que, si un bar cierra en el pueblo, este se transforma rápidamente en un “pueblo fantasma”.
Multiformato y apoyo
En los últimos años, ha ganado popularidad en la región el formato de bares “multiservicio”, que combinan funciones de tienda, punto postal y biblioteca. Las autoridades aragonesas y los ayuntamientos respaldan estos proyectos económicamente, compensando pérdidas y colaborando con los gastos de servicios. En Vinaceite, el bar sigue abierto gracias al apoyo del ayuntamiento: aquí la gente busca no solo bebidas, también libros y, sobre todo, conversación.
A menudo, quienes se animan a gestionar estos locales son recién llegados: inmigrantes de Latinoamérica que ven en ello una oportunidad para empezar de nuevo. En Vinaceite, el bar lo dirige una familia colombiana y, en Valcarca, una cubana logró asegurar el porvenir de ella y su hija gracias al éxito de un bocadillo típico local. Pese a las dificultades, estos establecimientos se convierten en un punto de referencia esencial para todo el pueblo.
Problemas y desafíos
Sin embargo, no siempre se encuentran personas dispuestas a gestionar el bar. En algunas aldeas, como en Jatiel, el establecimiento está cerrado y los vecinos se ven obligados a desplazarse a localidades cercanas simplemente para tomar un café o conversar. La falta de un bar refuerza la sensación de aislamiento, especialmente entre los mayores, para quienes estos lugares son la única oportunidad de no quedarse solos.
Aun así, incluso en estas circunstancias, los habitantes no pierden el optimismo. Muchos destacan que, a pesar de las dificultades, la vida en los pequeños pueblos tiene sus ventajas: tranquilidad, naturaleza, ausencia del bullicio urbano. Pero sin puntos de encuentro como el bar, retener a la gente se hace cada vez más complicado.
Contexto y tendencias
En los últimos años, en toda España las pequeñas poblaciones buscan formas innovadoras de mantener la vida y atraer nuevos residentes. La apertura de bares con funciones adicionales se ha convertido en una de las soluciones más efectivas. En algunas regiones, estos locales cuentan con el apoyo no solo de los ayuntamientos, sino también de las autoridades regionales e iniciativas privadas. Como resultado, surgen nuevos empleos, se dinamiza la economía local y, lo más importante, se preserva el espíritu comunitario. Proyectos similares ya han demostrado su eficacia en Castilla y León, Galicia y el norte del país, donde el respaldo a los bares ha permitido frenar el éxodo de población e incluso atraer a jóvenes profesionales.












