
Asturias se ha consolidado desde hace tiempo como uno de los destinos más cautivadores del norte de España. Es tierra de playas salvajes, montañas dignas de un lienzo y aldeas donde aún se respira la tradición. Cada año, miles de viajeros llegan atraídos por la imponencia de los Picos de Europa, la magia del cabo Peñas, el encanto señorial de Oviedo o Gijón y el aire rural que impregna cada valle. Sin embargo, incluso entre estos lugares tan conocidos, existen rincones con un magnetismo especial, escondidos entre montañas y envueltos en leyendas centenarias. Entre ellos destaca, sin duda, un santuario impresionante, excavado en una cueva a orillas de un río, toda una joya para los amantes de los destinos singulares: el Santuario de la Virgen de la Cueva.
El paisaje que se abre ante los ojos es realmente sobrecogedor. El río Mon, al que los lugareños también llaman La Marea, acompaña al visitante hasta la misma entrada de este enclave esculpido en la roca. La carretera AS-254, en dirección a Campo de Caso, lleva directamente hasta este lugar que bien podría servir de escenario para cualquier documental sobre paraísos ocultos de Europa. Poco antes de llegar, la montaña se abre para revelar el complejo religioso. Hoy está restaurado, aunque sus orígenes se remontan al menos al siglo XVI. Algunas leyendas sitúan incluso su fundación en tiempos de la Reconquista, cuando se forjaba la identidad de todo el norte de la península ibérica.
La leyenda cuenta que todo comenzó con un sueño. Al propietario de la torre Torre de Lodeña se le apareció la Virgen María, quien le pidió fundar en ese lugar un culto en su honor. Al acudir para comprobar la visión, encontró en una cueva a un viejo ermitaño que custodiaba una imagen de la Virgen. Resultó ser un antiguo amigo suyo de Portugal, un caballero que había luchado contra los moros. Tras la muerte de su amada, decidió retirarse del mundo y entregarse a la vida contemplativa. La leyenda sostiene que halló la imagen de la Virgen María en una de las grutas y permaneció allí hasta el final de sus días. Conmovido por la historia, el noble asturiano inició el culto en este lugar, que pronto se convirtió en un centro de peregrinación.
Desde entonces, la vida del santuario alternó épocas de esplendor con periodos de olvido. Hacia finales del siglo XVIII ya existían varias capillas, entre ellas la de la Virgen del Carmen y la del Cristo, además de la principal, dedicada directamente a la Virgen de la Cueva. El lugar llegó a recibir a ilustres visitantes: en 1858, de camino a Covadonga, se detuvieron aquí la reina Isabel II y el entonces Príncipe de Asturias, acompañados de San Antonio María Claret. Una placa conmemora aquel día. Posteriormente, el complejo cayó en decadencia tras la disolución de la cofradía que lo atendía, pero el siglo XX trajo consigo una importante restauración que devolvió la vida al santuario.
Hoy en día, este lugar vuelve a ser un punto de encuentro tanto para los vecinos como para los visitantes, especialmente durante las festividades más populares. Entre ellas destacan la celebración de la Virgen María el 8 de septiembre, el famoso Festival de la Avellana el primer sábado de octubre y la misa de estilo rociero que se celebra en abril durante la feria de Infiesto. Cada evento es una fusión de tradiciones, música, devoción religiosa y alegría popular, elementos propios del corazón rural de Asturias. Sin embargo, el valor del santuario va mucho más allá de sus celebraciones. Los arqueólogos destacan que la zona estuvo habitada desde tiempos prehistóricos y que, con el tiempo, el antiguo lugar de culto pagano se transformó en cristiano. Esta transición explica por qué, durante siglos, el enclave ha sido un tesoro simbólico para los peregrinos que recorren el Camino de Santiago. Muchos han hablado de una energía especial, de una “magia” que aún hoy sienten quienes cruzan el umbral de la cueva.
Visitar este rincón de Asturias no solo es adentrarse en la historia viva, sino también tener la oportunidad de disfrutar de una naturaleza que invita a la calma. El murmullo del río, la penumbra de la cueva y las siluetas de las ermitas restauradas conforman un paisaje capaz de sorprender incluso a quienes conocen bien la región. El santuario, excavado en la roca, repleto de leyendas y protegido por las montañas, es un tesoro que, sin duda, merece ser visto con los propios ojos.
RUSSPAIN recuerda que Asturias, oficialmente el Principado de Asturias, es una comunidad autónoma situada en el norte de España. La región es famosa por sus paisajes verdes, su costa escarpada y sus cordilleras, incluyendo parte del Parque Nacional de los Picos de Europa. La capital es Oviedo y la ciudad más grande es Gijón. Asturias también destaca por su gastronomía única, en especial la sidra y el queso Cabrales.












