
En la capital catalana se ha desatado un intenso debate sobre el futuro del transporte urbano. Las principales asociaciones del sector de la restauración y el comercio de Barcelona han sorprendido al posicionarse a favor de Uber y las empresas de VTC, con el objetivo de frenar la inminente reforma del taxi. La nueva iniciativa, que en los pasillos ya llaman la “ley Tito”, podría cambiar radicalmente el equilibrio de fuerzas en el sector del transporte.
Al inicio de la campaña, representantes de Uber organizaron una reunión en la sede de Foment del Treball, una de las principales asociaciones empresariales de la región. El evento se centró en analizar el futuro de la movilidad en la metrópolis, pero no se invitó a representantes del taxi tradicional. Los asistentes expresaron su preocupación por el endurecimiento de la regulación, advirtiendo que podría aumentar significativamente el tiempo de espera de un vehículo y dificultar así la movilidad tanto de residentes como de visitantes.
En los últimos meses, Uber ha reforzado su colaboración con los taxistas locales: ya son dos mil los conductores incorporados a la plataforma, de los cuales más de seiscientos se sumaron recientemente. Según la compañía, colaborar con Uber permite a los taxistas aumentar sus ingresos y atender a más pasajeros. Además, la empresa apuesta por la sostenibilidad, con planes de renovar su flota hacia vehículos eléctricos, y firma acuerdos con conocidas entidades de la ciudad, como el teatro Liceu y el FC Barcelona.
¿Qué cambia la nueva ley?
El proyecto de ley, apoyado por varias fuerzas políticas de Cataluña, prevé importantes restricciones para los VTC. En concreto, se planea reducir casi a la mitad el número de licencias, pasando de 990 a 390 en el área metropolitana de Barcelona. Se dará prioridad al desarrollo del taxi tradicional, y las licencias para VTC podrán no renovarse si los vehículos no cumplen con los estándares medioambientales. En caso de saturación del mercado, las autoridades podrán limitar temporalmente la actividad de los VTC.
El documento define el taxi como un servicio de interés público, lo que, según varios expertos, podría llevar a una situación de monopolio de hecho. Juristas señalan que estas medidas podrían contradecir la normativa europea y restringir los derechos de los ayuntamientos.
Empresarios rechazan las restricciones
Las principales asociaciones de restauradores y comerciantes, como Barcelona Oberta, Mou-te per Barcelona y Barcelona Global, se han manifestado en contra de esta iniciativa. Consideran que la libre competencia y la diversidad de servicios de transporte son esenciales para el desarrollo económico de la ciudad. Los representantes del sector de la restauración subrayan que la accesibilidad del transporte afecta directamente a su facturación, y que las restricciones pueden frenar el crecimiento económico y disminuir la atractividad de Barcelona para turistas e inversores.
Al mismo tiempo, los defensores de la reforma están convencidos de que las nuevas normas harán que el mercado del transporte sea más transparente y sostenible, además de proteger los intereses de los taxistas tradicionales. Se espera que la decisión final sobre la ley se tome en los próximos meses y que sus principales disposiciones entren en vigor en 2026.
Barcelona se encuentra al borde de un cambio importante en el sector del transporte urbano. La decisión final determinará si el mercado seguirá abierto a nuevos operadores o si regresará a un modelo cercano al monopolio.












