
En Cataluña ha comenzado una iniciativa que puede cambiar la percepción sobre las profesiones femeninas y el futuro de la ciencia en el país. El programa ‘Petites mirades’, impulsado por la Universidad de Barcelona, ya ha llegado a decenas de colegios y a cientos de alumnas que, por primera vez, tienen la oportunidad de conversar directamente con mujeres investigadoras. Este enfoque no solo rompe estereotipos, sino que también abre nuevas perspectivas para niñas que antes no se habían planteado una carrera científica.
En una clase del colegio Can Llobet en Barberà del Vallès, el ambiente recuerda al de un laboratorio: las alumnas observan con atención un esqueleto, discuten sobre la estructura de los huesos y formulan preguntas que rara vez se escuchan en una lección habitual. El aburrimiento aquí no tiene cabida: cada detalle despierta interés y el análisis del cuerpo humano se convierte en un debate dinámico. Las alumnas no dudan en compartir sus sueños: algunas quieren ser médicas, otras astrónomas, y una de las niñas admite que sueña con enseñar ciencias naturales para inspirar a los demás.
Mujeres en la ciencia
La característica principal del programa es la participación de investigadoras reales que imparten talleres y comparten su experiencia. Una de ellas, Aroa Casado, trabaja en el departamento médico de la Universidad de Barcelona y está especializada en enfermedades raras. Su camino hacia la ciencia no fue evidente: de niña soñaba con ser limpiadora, pero más tarde se interesó por la filosofía, para después pasarse a la antropología y la medicina. Ahora busca ser un referente para las niñas, mostrando que la perseverancia y el apoyo familiar pueden llevar al éxito incluso en los campos más complejos.
Como señala María Alcalde, profesora de ciencias naturales y ex técnica de laboratorio, es precisamente entre los 8 y 12 años cuando los niños desarrollan un interés por los experimentos y la observación. En este periodo, no solo es importante transmitir conocimientos, sino también fomentar el pensamiento científico. Según ella, desde que comenzó el programa los alumnos han empezado a hacer más preguntas, no solo relacionadas con el estudio, sino también con historias personales, por ejemplo, sobre la salud de sus seres queridos.
Superando barreras
A pesar del creciente número de mujeres en la ciencia, los puestos de liderazgo siguen estando ocupados principalmente por hombres. Según El País, incluso dentro de los equipos de investigación, las mujeres suelen permanecer en la sombra, y tanto el material didáctico como los equipos científicos responden a estándares masculinos. Por ejemplo, los esqueletos usados para la enseñanza suelen ser masculinos porque son más baratos, y la mayoría de los estudios se realizan con hombres.
Los organizadores del programa destacan que estas iniciativas son especialmente importantes en colegios donde los niños no cuentan con ejemplos de científicos exitosos en su familia o entorno cercano. En las zonas rurales y en las periferias urbanas, las oportunidades de excursiones y actividades extracurriculares son limitadas, por lo que la visita de una investigadora se convierte en todo un acontecimiento. Las niñas empiezan a creer que pueden alcanzar el éxito en cualquier ámbito si encuentran apoyo y muestran perseverancia.
Nuevos horizontes
Durante las actividades, las alumnas no solo descubren la anatomía o el espacio, sino que también abordan temas sociales, como por qué aún persiste la brecha de género en la ciencia. Algunas escuchan por primera vez que las mujeres pueden ser no solo asistentes, sino también líderes de equipos científicos. Esto transforma su visión de las propias capacidades y despierta nuevas ambiciones.
En los últimos años, en España han surgido cada vez más proyectos destinados a apoyar a las niñas en disciplinas técnicas y científicas. Por ejemplo, en Madrid y Valencia se realizaron talleres similares con la participación de mujeres ingenieras y biólogas. Estas iniciativas ya han dado frutos: el número de jóvenes que eligen carreras técnicas crece gradualmente y en las universidades aparecen nuevas comunidades científicas femeninas. Según El Pais, programas como estos se consolidan como parte clave de la política educativa y contribuyen a formar una nueva generación de investigadoras.












