
En Cataluña ha comenzado un experimento que ya genera controversias entre docentes y familias. Las autoridades regionales han decidido analizar el funcionamiento de 250 colegios e institutos para averiguar por qué los estudiantes están bajando su rendimiento en lengua y matemáticas. El foco no está solo en los resultados, sino también en lo que ocurre dentro de los centros: cómo se organiza el proceso educativo, cómo trabajan los profesores y qué opinan las familias. Se trata de una iniciativa ambiciosa, aunque surgen dudas: ¿no se convertirá en una carga burocrática más sin cambios reales?
El proyecto piloto lleva por nombre ‘Evaluación Integral para la Mejora’ (AVIM). Por ahora participan solo algunos centros, pero las autoridades ya han anunciado que, si la experiencia funciona, se extenderá a toda Cataluña. Sin embargo, el sector docente recibe la noticia con escepticismo: muchos profesores creen que los problemas llevan tiempo identificados, pero aún faltan recursos para resolverlos.
Dos fases de evaluación
La esencia del experimento es sencilla: primero, el propio centro analiza su funcionamiento y, después, intervienen expertos externos. En cada institución se forma una comisión integrada por cinco o seis profesores y un representante de la administración. Este grupo completa un cuestionario detallado, evalúa la organización interna, los métodos de enseñanza y la relación con las familias. Al mismo tiempo, se encuesta al profesorado y a los padres del alumnado.
En la segunda etapa, los inspectores acuden a la escuela. Observan las clases de lengua y matemáticas, dialogan con profesores y alumnos, analizan cómo se desarrollan realmente las sesiones. Después, elaboran un informe con recomendaciones concretas sobre qué y cómo se puede mejorar. El documento se debate en el consejo pedagógico y en el órgano de gestión del centro. Las autoridades subrayan que la selección de escuelas para la inspección no está relacionada con malos resultados, lo principal es que el centro cuente con una administración estable.
Reacción de los centros educativos
Algunos centros acogieron la iniciativa con entusiasmo. Por ejemplo, en el liceo Rovira-Forns de Santa Perpètua de Mogoda, el director reconoce: la mayoría de las observaciones de los inspectores coincidían con lo que el profesorado ya percibía. “El 90% de las recomendaciones ya las habíamos identificado nosotros mismos. Pero una visión externa ayuda a confirmar nuestras conclusiones y a establecer prioridades. Siempre hay margen de mejora”, afirma el director del liceo, Jordi Monsó.
En la escuela Antoni Vilanova de Falset, el director destaca que los inspectores no solo señalan las debilidades, sino también las buenas prácticas. Sin embargo, asegura que para lograr cambios reales no bastan los consejos; también hacen falta más recursos y tiempo. “Nuestros resultados están en la media catalana, pero también notamos un descenso general de conocimientos. Las causas no se encuentran solo en la escuela. La sociedad, las costumbres, la forma de comunicarnos, todo está cambiando. Todos hemos cambiado —profesores, alumnos, familias—”, reflexiona Joan Lluís Barceló.
Críticas y dudas
Sin embargo, no todos los centros escolares acogieron el proyecto con aprobación. En el instituto Pau Vila de Sabadell, el claustro de profesores expresó críticas contundentes: según ellos, el nuevo sistema solo añade burocracia sin generar cambios reales. Los docentes se quejan de que deben dedicar horas a llenar papeleo, mientras que en la práctica nada se modifica. «Todos estos programas y controles son una formalidad que no mejora la calidad educativa, pero sí nos quita mucho tiempo», señala el comunicado del profesorado.
A los profesores les incomoda especialmente que la atención de los inspectores se centre en los métodos de enseñanza y no en los problemas estructurales. A su juicio, el principal obstáculo es la crónica falta de financiación y las reformas fallidas que no van acompañadas de recursos reales. «El problema no es cómo enseñamos las clases, sino que no nos dan posibilidades de trabajar de una manera diferente», sostienen en el instituto.
Problemas más profundos
El descenso del nivel de conocimientos en Cataluña no es novedad. Hace ya dos años, estudios regionales e internacionales señalaron una tendencia preocupante: las calificaciones en lengua catalana y matemáticas bajan de forma constante. Las autoridades reconocieron el problema y prometieron actuar. El nuevo proyecto busca identificar los puntos débiles y trazar una estrategia para salir de la crisis.
Sin embargo, según la reacción de las escuelas, las inspecciones por sí solas no son suficientes. El profesorado exige no solo análisis, sino un apoyo real: más tiempo, más recursos y menos burocracia. Por ahora, muchos temen que la iniciativa se quede en otra bonita propuesta sobre el papel y que los cambios reales no lleguen a las aulas.












