
Aumenta la tensión en la Cámara Alta del Parlamento español: en las próximas semanas se espera la comparecencia del presidente Pedro Sánchez. Su citación está relacionada con la investigación de un sonado caso de corrupción que tiene en el centro las transferencias de dinero dentro del partido gobernante.
Antes de que Sánchez tenga que responder a las preguntas de los senadores, la comisión escuchará a varios testigos clave. Ya la próxima semana se espera la comparecencia de la empresaria Carmen Pano, quien declaró anteriormente ante el tribunal que personalmente entregó una gran suma de dinero en efectivo en la sede de los socialistas en la calle Ferraz: se trata de 90.000 euros escondidos en bolsas de basura. Una semana después, acudirán a las audiencias dos exresponsables de las finanzas del partido durante la gestión de Sánchez: Ana María Fuentes y Mariano Moreno.
La coincidencia de fechas añade intriga: el mismo día en que Pano prestará declaración, el Tribunal Supremo ha citado a declarar al exministro José Luis Ábalos y a su exasesor Koldo García. Todos estos acontecimientos aumentan el interés por la próxima comparecencia del propio jefe del Gobierno, que debería celebrarse antes de fin de mes. La fecha exacta aún se está discutiendo, pero hay algo claro: Sánchez tendrá que explicar si estuvo personalmente implicado en la recepción de dinero en efectivo procedente de las estructuras del partido.
En los últimos días, la situación en torno a los socialistas se ha intensificado. Tras la publicación del informe de la Guardia Civil, que señala pagos en efectivo sin transparencia alguna, los representantes de la oposición han aumentado la presión sobre Sánchez. A su juicio, no se trata de un episodio aislado, sino de todo un sistema de ingresos no declarados, que cobró especial fuerza después de 2017, cuando Ábalos asumió un cargo clave en el partido. En los círculos políticos son cada vez más frecuentes las acusaciones de que el silencio del presidente del Gobierno solo aumenta las sospechas y socava la confianza en el poder.
La oposición no oculta su intención de llevar la investigación hasta el final. Según afirman, el escándalo actual no es solo un caso aislado, sino un reflejo de problemas de fondo dentro del partido y del gobierno. Se lanzan acusaciones de crear toda una red de influencia, abuso de poder y enriquecimiento ilícito. Se pone especial énfasis en que, según los opositores, Sánchez tiene una responsabilidad personal en lo ocurrido, ya que fue bajo su mandato cuando el sistema se volvió más ramificado y oculto.
Se avecinan nuevas audiencias, en las que se mencionarán nombres no solo de miembros del gobierno, sino también de los aliados de Sánchez en la coalición. En los pasillos políticos ya se debate cómo estos acontecimientos pueden afectar el equilibrio de fuerzas en el país y el futuro del presidente del Gobierno. Se espera que las próximas semanas traigan numerosas declaraciones resonantes y giros inesperados.











