
En Gijón, el rápido aumento de apartamentos turísticos ya ha transformado el panorama habitual del mercado de la vivienda y el turismo. El último año, la ciudad recibió un número récord de visitantes, pero al mismo tiempo cerraron tres hoteles y la oferta hotelera disminuyó. Ahora, seis de cada diez plazas de alojamiento en Gijón corresponden a viviendas alquiladas a turistas. Esta situación afecta no solo al sector turístico, sino también a la disponibilidad de vivienda para los residentes locales.
El mercado inmobiliario bajo presión
Según El confidencial, tras la pandemia la demanda de turismo en Gijón se disparó. Los propietarios de viviendas reaccionaron rápidamente y comenzaron a transformar masivamente sus propiedades en alojamientos turísticos. En pocos años, la oferta de plazas en estos apartamentos casi se duplicó, lo que provocó un aumento en los precios de alquiler y compra, especialmente en las zonas cercanas al mar. Como consecuencia, los vecinos afrontan la escasez de vivienda asequible y los precios siguen subiendo incluso en barrios más alejados.
Expertos señalan que, a diferencia de otras ciudades, en Gijón los turistas prefieren alojarse junto a la playa antes que en zonas residenciales. Esto provoca que la vivienda en la costa se vuelva inaccesible para la población local y la ola de traslados afecta también a otros barrios. Procesos similares se observan en otras ciudades del norte, como Vigo, A Coruña y Santander, donde la afluencia estacional de turistas deja barrios enteros vacíos fuera de temporada.
Impacto en el turismo y la imagen de la región
El cambio en el formato de alojamiento también afecta la imagen de la región. En Asturias, tradicionalmente predominó el turismo rural, y los hoteles y casas rurales eran la tarjeta de presentación del área. Ahora, muchos propietarios optan por alquilar sus viviendas a turistas, lo que repercute en el reconocimiento y la calidad de marcas como Casonas Asturianas y Casas Rurales de Asturias. Según los expertos, esto podría llevar a la pérdida de singularidad y a una disminución del atractivo del turismo rural, que durante décadas ha sido motivo de orgullo para la región.
Las autoridades de Gijón intentan frenar el crecimiento de los pisos turísticos. A principios de 2024 se impuso una moratoria temporal para registrar nuevos alojamientos, con el fin de ganar tiempo para elaborar nuevas normas. Sin embargo, según el Ayuntamiento, estas medidas aún no han dado resultados visibles: la ciudad cuenta ya con más de 2 100 viviendas turísticas, equivalentes a unas 10 600 plazas, mientras que el resto de modalidades —hoteles, apartamentos, hostales y campings— suman poco más de 5 000 plazas entre todos.
Regulación y nuevos desafíos
Las autoridades regionales también actualizaron la normativa para los pisos turísticos, endureciendo los requisitos de alojamiento y limitando el número máximo de huéspedes. En Gijón se plantea reconocer algunas zonas, como La Arena y Cimavilla, como áreas de alta demanda, lo que permitiría imponer restricciones adicionales. Estas medidas cuentan con el apoyo de los vecinos, preocupados por el alza de precios y la desaparición del alquiler de larga duración.
El problema del turismo masivo y su impacto en la infraestructura y la vida de los habitantes urbanos se vuelve cada vez más relevante para las regiones del norte de España. El aumento de la demanda de alquileres vacacionales recuerda a la situación vivida en Andalucía, donde recientemente el temporal Leonardo provocó el corte de cientos de carreteras y alteró la vida cotidiana — cambios similares en la infraestructura también afectan la disponibilidad de vivienda y el turismo.
Contexto y tendencias
En los últimos años, España ha experimentado un aumento de viviendas turísticas en grandes y medianas ciudades, especialmente en las regiones costeras. Esto está cambiando la estructura del turismo y afecta al mercado inmobiliario. Las autoridades de diversas ciudades implementan restricciones para proteger los intereses de los residentes locales y mantener el equilibrio entre el turismo y la calidad de vida. Barcelona y las Islas Baleares ya cuentan con normas estrictas sobre el alquiler turístico, mientras que en Madrid se debaten nuevas medidas. La regulación de las viviendas turísticas sigue siendo uno de los temas más delicados en aquellas ciudades donde el turismo es una parte fundamental de la economía.











