
En abril de 2025, en pleno centro de Madrid, en la calle cuesta de Santo Domingo, 18, se produjo un incidente que todavía inquieta a los vecinos. A las seis de la mañana de un domingo, parte del techo de un hostal ilegal, situado en la quinta planta, se desplomó directamente sobre el piso de abajo. El propietario del apartamento, Jesús Nebreda, sobrevivió de milagro: en ese momento no estaba en el salón, sino en su habitación. Todos los muebles y pertenencias quedaron sepultados bajo los escombros, y el ambiente se llenó de polvo denso.
En cuestión de minutos, todo el edificio fue evacuado. A la calle salieron no solo los residentes en pijama, sino también las trabajadoras del club en la planta baja, que abandonaron el edificio en pánico. El dueño del hostal, pese al incidente, nunca apareció. El establecimiento, con capacidad para diez habitaciones y otras tantas duchas, carecía de cualquier licencia vigente. Ya en junio de 2024, las autoridades municipales habían ordenado el cese de la actividad, pero la orden nunca se ejecutó.
Han pasado seis meses y la situación sigue igual. Los turistas siguen llegando con sus maletas como si nada hubiera pasado. En las principales plataformas de reservas aún se pueden contratar habitaciones, y el precio más bajo por noche es de 103 euros. Jesús Nebreda, temiendo por su vida, se vio obligado a mudarse temporalmente. En su antiguo salón solo queda una alfombra amarilla y nueve puntales de obra que los bomberos instalaron para evitar un nuevo derrumbe.
Los vecinos expresan su indignación: a pesar de numerosas quejas, el ayuntamiento no ha tomado medidas contundentes. Las autoridades alegan procedimientos prolongados y continúan revisando las reclamaciones del propietario del negocio. Durante este tiempo, en Madrid ocurrió otra tragedia: a 300 metros de esta vivienda se derrumbó otro bloque residencial, cobrando la vida de cuatro personas. Esto no hizo más que aumentar la preocupación entre los residentes del barrio.
La empresa que gestiona el hostal posee otros dos establecimientos similares en el centro de la ciudad. Su representante se niega a explicar por qué ignora las órdenes municipales, alegando que el derrumbe no está relacionado con el requerimiento de cierre. Sin embargo, los expertos señalan infracciones graves: en la quinta planta se colocó una solera adicional que aumentó la carga sobre las viejas vigas de madera, que ya estaban en malas condiciones. Además, en el antiguo edificio se instalaron diez baños y un sistema de suelo radiante, lo que provocó humedad y riesgos adicionales.
La familia Nebreda lleva varias décadas viviendo en esta casa. La madre de Jesús, María Ángeles Galíndez, recuerda que compró el piso hace 45 años. Ahora se pregunta qué pueden hacer quienes no tienen a dónde ir tras sucesos como este. A su juicio, cuando se debate el problema de los pisos turísticos, a menudo se olvida la seguridad, tanto de los huéspedes como de los vecinos.
La situación con este hostal es solo la punta del iceberg. Según estimaciones, a finales de 2024 operaban en Madrid más de 15 mil apartamentos turísticos ilegales. Solo una décima parte de estos contaba con todos los permisos necesarios. En un año, las autoridades municipales impusieron menos de un centenar de multas, y funcionaban legalmente poco más de mil apartamentos. El resto sigue operando al margen de la ley, pese al riesgo que representa para la vida y la salud de las personas.










