
En los últimos meses, Madrid ha experimentado un aumento en las filas frente a las oficinas estatales, donde los inmigrantes intentan renovar sus documentos. Sin embargo, para muchos este proceso se convierte en un problema costoso: para conseguir una cita, deben pagar a intermediarios que ofrecen servicios de gestión de turnos por sumas considerables.
Las filas no se forman por entretenimiento ni por eventos exclusivos, sino por la posibilidad de permanecer legalmente en el país y conservar el empleo, que a menudo sostiene no solo a los solicitantes, sino también a sus familias en sus países de origen. Según datos oficiales, más de 270.000 personas en España esperan una decisión sobre sus solicitudes de asilo, y para la mayoría de ellas la renovación de documentos es una necesidad vital.
En la zona de la calle Pradillo en Madrid, cada día se reúnen decenas de personas, principalmente de Venezuela, Colombia, Malí y Perú. Estos países encabezan la lista de solicitudes de asilo en España. La gente se ve obligada a esperar su turno para no perder el estatus legal y el trabajo. Si los documentos se vencen, también se pierden los contratos laborales y, por tanto, los medios de subsistencia.
El sistema de citas está diseñado de tal manera que es prácticamente imposible obtener un turno electrónico gratuito. La mayoría de los solicitantes pasan meses actualizando sin éxito la página web, esperando encontrar una hora disponible. Al final, muchos se rinden y acuden a intermediarios, que cobran entre 150 y 200 euros por el servicio. Este mercado ilegal opera abiertamente; se pueden encontrar anuncios de venta de citas en redes sociales y aplicaciones de mensajería.
El problema no se limita únicamente a cuestiones migratorias. Se observa una situación similar en otros servicios públicos, como el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), donde las citas para tramitar el subsidio de desempleo también se venden, aunque a un precio menor — aproximadamente 10 euros. Esquemas parecidos funcionan en el sistema de protección social e incluso en algunos consulados españoles en el extranjero, donde obtener un visado se ha vuelto imposible sin gastos adicionales.
La causa de esta situación es la falta de recursos y la imperfección de los sistemas digitales, que no pueden protegerse de programas automáticos que reservan masivamente citas para su posterior reventa. Como resultado, los principales afectados son los extranjeros, que con mayor frecuencia se ven obligados a pagar por acceder a los servicios públicos. Según las estadísticas, dos tercios de las citas online mensuales corresponden a trámites migratorios.
Abogados especializados en derecho migratorio señalan que los intentos de reformar el sistema aún no han dado resultados significativos. En algunos organismos se ha logrado limitar parcialmente la actividad de intermediarios, pero en el ámbito del asilo y los procedimientos relacionados la situación permanece igual. También hay que pagar por obtener una cita para la toma de huellas dactilares o solicitar la tarjeta de extranjero — generalmente alrededor de 100 euros.
En 2023, las autoridades intentaron cambiar la situación: el registro para la solicitud inicial de asilo pasó del formato online a teléfono y correo electrónico. Esto permitió reducir la reventa masiva de citas, pero no resolvió el problema de acceso: ahora la gente paga a otros para que llamen o envíen correos en su nombre durante todo el día.
El Ministerio de Transformación Digital trabaja en la creación de un nuevo sistema protegido de citas, donde para confirmar la identidad será necesario un certificado digital. Este método ya se ha probado en fase piloto en la provincia de Castellón, obteniendo resultados positivos. En el futuro, se prevé implementarlo en otras regiones.
Mientras tanto, la demanda de servicios de intermediarios no disminuye. En redes sociales y aplicaciones de mensajería aparecen decenas de cuentas que ofrecen gestionar una cita de forma rápida por una tarifa fija. Tras el pago, envían la confirmación al cliente y, si es necesario, le piden que declare que la cita la obtuvo por su cuenta.
Sigue sin aclararse cómo exactamente los intermediarios acceden a las citas disponibles: si utilizan programas automatizados, tienen contactos dentro de las instituciones o simplemente pasan noches sin dormir frente al ordenador. Las autoridades informan periódicamente sobre operativos contra estas prácticas, pero hasta ahora no han logrado erradicar completamente el mercado ilegal.
Para muchos inmigrantes, esta situación representa un desafío adicional. Se ven obligados a pagar por lo que legalmente debería ser gratuito y se enfrentan a trabas burocráticas que dificultan su integración en la sociedad española.












