
El escenario político en Cataluña vuelve a transformarse: en Manresa, Junts forma una inesperada alianza con el antiguo líder de la ultraderecha para disputar el control municipal. Esta decisión refleja la creciente presión sobre los partidos tradicionales, obligados a explorar nuevas alianzas para conservar su influencia ante el avance de los grupos radicales. Para los vecinos de la región, estas coaliciones abren la puerta a posibles cambios en las políticas de inmigración, seguridad y gestión urbana.
Con la llegada de la primavera en Cataluña y mientras el Parlament debate el futuro de los presupuestos, el foco se traslada a las elecciones municipales de 2027. En Manresa, Junts sella un pacto con el exlíder del Front Nacional, Sergi Perramon, quien anteriormente rechazó propuestas de Aliança Catalana. La nueva alianza reúne a ocho concejales y busca sumar a PDECat, que cuenta con otros dos ediles. Según El Pais, este movimiento se interpreta como un intento de Junts de contener el avance de la ultraderecha, que desde un inicio consideró a Manresa una plaza clave para ampliar su presencia.
Cambio de estrategias
A diferencia de la copia directa de la retórica de la ultraderecha, la coalición en Manresa pone el foco en el control del padrón municipal, la lucha contra las ocupaciones ilegales de viviendas y el aumento de la presencia policial. Los temas de migración y seguridad se vuelven centrales, y el discurso de Junts adopta elementos que lo acercan a sus rivales, aunque mantiene su propio matiz ideológico. Dentro del partido, se llevan a cabo tanto debates públicos como internos sobre el rumbo político a seguir, especialmente en materia de política migratoria.
Uno de estos documentos internos es el conocido como “Plan 8 millones”, debatido a nivel directivo y entregado a Carles Puigdemont. El texto plantea un nuevo modelo de gestión migratoria, en el que los derechos de los migrantes dependen directamente de su integración y del dominio del catalán. Aunque el plan ya está elaborado, aún no se ha hecho público, pero sus propuestas ya se discuten entre alcaldes enfrentados a retos demográficos.
Impacto en el panorama político
Junts busca equilibrar el tradicional enfoque de orden heredado de Convergència con la necesidad de responder al auge de la ultraderecha. Manresa se convierte en un laboratorio para medir hasta qué punto los votantes estarían dispuestos a aceptar medidas estrictas a cambio de estabilidad y seguridad. En un contexto de menor apoyo al independentismo catalán y de crecimiento demográfico, los partidos se ven obligados a explorar nuevas fórmulas para mantener su influencia.
En ciudades con una representación fragmentada y la aparición de nuevas fuerzas radicales, incluso un solo voto adicional puede decidir el resultado de las elecciones. Por eso, los partidos no solo ajustan su discurso, sino que también están dispuestos a pactos inesperados. Según informa El Pais, estos experimentos podrían convertirse en modelo para otros municipios donde los esquemas políticos tradicionales ya no funcionan.
Contexto y consecuencias
Paralelamente a lo que ocurre en Manresa, en Cataluña continúa una intensa disputa en torno al presupuesto. Los problemas de financiación y las divisiones internas en los partidos ya habían provocado crisis, como sucedió con ERC y su líder, analizado en detalle en el artículo sobre el bloqueo político en torno al presupuesto de Cataluña. Nuevas alianzas y cambios en las estrategias pueden influir en el reparto de poder no solo en Manresa, sino en toda la autonomía.
En los últimos años, Cataluña ha experimentado un aumento en la llegada de migrantes y un incremento de los debates sobre seguridad. Las elecciones municipales se han convertido en un escenario para nuevos experimentos políticos, donde los partidos deben responder a las demandas sociales y competir con movimientos radicales. Pactos como el de Manresa ya han surgido anteriormente en otras regiones de España, donde los partidos tradicionales han buscado soluciones poco convencionales para mantener el control de los municipios. Estos procesos reflejan una tendencia general al cambio en el panorama político y a la búsqueda de nuevos formatos de gestión a nivel local.











