
En los últimos años, en Sanabria (provincia de Zamora) ha crecido la preocupación por el riesgo de incendios forestales, que cada vez se acercan más a las viviendas. La causa es el abandono de campos y pastizales, convertidos en matorrales densos, lo que aumenta el peligro para los vecinos. Este problema impulsó el lanzamiento de un proyecto que puede transformar el manejo del entorno rural y la seguridad de la región.
Unión por la seguridad
En tres municipios —Galende, Requejo y Robleda-Cervantes— las autoridades locales han apostado por la colaboración. Propusieron a los vecinos, muchos de ellos propietarios de pequeñas fincas, ceder sus terrenos para una gestión conjunta. El objetivo es crear zonas de protección alrededor de los pueblos para frenar la expansión de los incendios y, al mismo tiempo, aprovechar la madera y los pastizales para dinamizar la economía local. Según El País, el proyecto Forgarero se puso en marcha en 2023 con el apoyo del Ministerio de Transición Ecológica y ya cuenta con la colaboración de 210 propietarios, que han cedido 260 hectáreas de terreno.
Sin embargo, el proceso es complejo. Los residentes, por tradición, no suelen tomar decisiones colectivas, y los litigios hereditarios junto a la dispersión de las fincas dificultan los avances. No obstante, las autoridades están convencidas de que solo la colaboración permitirá reducir el riesgo de incendios y recuperar los beneficios económicos de los bosques. Se están elaborando nuevas normativas para poder intervenir en tierras abandonadas y cobrar a los propietarios por las tareas de limpieza, aunque persisten dificultades legales.
Vencer la desconfianza
Los líderes locales y los vecinos activos desempeñan un papel clave en el impulso de la iniciativa. La generación joven — aquí esto incluye incluso a personas de más de 50 años — suele apoyar los cambios, mientras que la población mayor se muestra cautelosa frente al proyecto. En el pueblo de Vigo de Sanabria, el consultor David Pedrero señala que a la gente le falta una explicación clara y sencilla sobre el objetivo del proyecto. Él trata de transmitir a sus vecinos que la gestión colectiva no significa perder el control sobre la tierra, sino que, por el contrario, aporta beneficios y seguridad.
En Robleda, los agricultores recuerdan una época en la que los campos estaban abiertos; ahora el bosque prácticamente llega hasta las casas. Uno de los vecinos, Manuel Ramos, resalta que si los terrenos no se utilizan, se convierten en un peligro para todos. Muchos mantienen la herencia, pero no la aprovechan, lo que agrava aún más la situación. Según El Pais, si parte de los propietarios no se suman al proyecto, habrá parcelas que quedarán cubiertas de maleza y serían puntos vulnerables en caso de incendio.
Economía y nuevas oportunidades
El proyecto Forgarero no solo reduce el riesgo de incendios, sino que también ofrece nuevas perspectivas económicas para la región. El aprovechamiento de la madera y la recuperación de pastos puede aportar ingresos adicionales a los residentes y reactivar actividades tradicionales. Las autoridades confían en que el ejemplo positivo de los vecinos incentivará al resto a implicarse y que observar los resultados sea la mejor motivación para los escépticos.
Al mismo tiempo, si el proyecto consigue un amplio respaldo, podría convertirse en un modelo para otras regiones de España que enfrentan problemas similares de tierras abandonadas y riesgo de incendios. Como señala El País, el éxito depende de la confianza entre los habitantes y su disposición al cambio, así como de la capacidad de las autoridades locales para alcanzar compromisos y explicar los beneficios de la gestión colectiva.
En los últimos años, España ha registrado un aumento de grandes incendios forestales, sobre todo en zonas rurales con baja densidad de población. Esto suele deberse al abandono de las tierras y a la falta de cuidado de los bosques. En algunas regiones ya se están poniendo en marcha proyectos similares de gestión colectiva y creación de zonas de protección alrededor de los núcleos urbanos. Estas iniciativas no solo ayudan a reducir el riesgo de catástrofes, sino que también reactivan la economía local impulsando oficios rurales tradicionales. La experiencia de Sanabria podría servir de ejemplo para otras zonas donde el problema del abandono de tierras es especialmente grave.












