
Adamuz se ve envuelta en un gran escándalo después de que las familias de las víctimas del desastre ferroviario se negaran rotundamente a participar en el acto oficial de duelo propuesto por las autoridades. Su decisión supuso un duro golpe para los organizadores, ya que, según los familiares, el gobierno es directamente responsable de lo ocurrido. El ambiente en la ciudad está al límite: la gente exige verdadera justicia y castigo a los responsables, no simples disculpas formales.
La tragedia se produjo después de que un tren de alta velocidad Alvia descarrilara en un tramo ferroviario dañado. La comisión oficial de investigación de accidentes de transporte confirmó que la causa fue un segmento de la vía desgastado y sin reparar. Las familias de las víctimas están convencidas de que el desastre pudo haberse evitado si los servicios responsables hubieran respondido a tiempo a las repetidas quejas de los empleados ferroviarios. Sin embargo, según ellos, ni en Adif ni en el Ministerio de Transportes se tomaron medidas al respecto.
Bronca y boicot
Los familiares de las víctimas no ocultan su indignación. Consideran que el luto oficial es solo un intento de las autoridades de eludir su responsabilidad y silenciar el escándalo. Una de las manifestantes, Marimar, que perdió a su hermano en la catástrofe, declaró que no puede perdonar al gobierno la negligencia que llevó a la muerte de su ser querido. En sus palabras, participar en el acto oficial sería una traición a la memoria de los fallecidos.
En respuesta al boicot masivo, las autoridades se vieron obligadas a posponer el acto oficial de luto. La decisión se tomó de urgencia junto con la administración de Andalucía. Sin embargo, las familias no piensan detenerse: ya han comenzado a crear su propia asociación de víctimas para unir fuerzas y buscar justicia por vía judicial.
Lucha propia
Mientras las autoridades intentan salvar su reputación, las familias de las víctimas preparan acciones alternativas. Ya se ha fijado la fecha de una manifestación masiva en Huelva: el 31 de enero, el día en que debía celebrarse el luto oficial. Los participantes planean salir a las calles para exigir la responsabilidad de todos los implicados en la tragedia, incluidos altos funcionarios y el ministro de Transportes.
Al mismo tiempo, en la catedral de Huelva se prepara una ceremonia religiosa de despedida que será presidida por el obispo Santiago Gómez Sierra. Se espera la asistencia de cientos de personas que rendirán homenaje a las víctimas sin la presencia de representantes oficiales. Los familiares insisten: no quieren ver a ningún funcionario en la ceremonia hasta que los responsables no hayan sido sancionados.
Exigencias y acusaciones
Las familias de las víctimas insisten: la tragedia de Adamus no fue un accidente, sino el resultado de una negligencia sistemática y de la inacción de las entidades estatales. Exigen no solo disculpas públicas, sino también procesos judiciales reales. En sus declaraciones, resuenan cada vez más acusaciones dirigidas al ministro de Transporte, a quien señalan como principal responsable de lo ocurrido.
En la ciudad aumenta la tensión: los vecinos apoyan a los manifestantes y en las redes sociales se difunden llamamientos a boicotear cualquier evento oficial. Muchos creen que solo la presión masiva hará que las autoridades reconozcan su culpa y asuman las consecuencias correspondientes. Se avecinan nuevas protestas, demandas judiciales y, posiblemente, renuncias sonadas.












