
Un suceso ocurrido en el funeral de las víctimas de la tragedia en Adamuz ha vuelto a conmocionar a la sociedad española. La presencia en la ceremonia de un exsacerdote previamente acusado de delitos sexuales contra menores fue un auténtico shock para muchos. Para las víctimas y sus familias, este episodio supuso una nueva oleada de dolor e indignación, y para el público general — un recordatorio de los asuntos pendientes en torno a casos de este tipo.
El centro de la atención recayó en Ángel Escapa, actualmente de 82 años. En el pasado ocupó altos cargos en la orden de los agustinos, fue director de un prestigioso centro educativo en Alicante y allí fundó un equipo deportivo. Su nombre saltó a la opinión pública cuando varios exalumnos lo acusaron de abusos sexuales cometidos dentro de la escuela. A pesar de que la orden asumió la responsabilidad y pagó indemnizaciones, no se abrió proceso penal debido a la prescripción de los delitos.
Reacción social
La aparición de Escapa en el funeral en Huelva generó una fuerte reacción entre los asistentes. Muchos quedaron consternados al ver a una persona con ese pasado formando parte de una ceremonia en memoria de las víctimas. El impacto fue especialmente profundo entre quienes sufrieron directamente sus actos. Uno de los antiguos alumnos, víctima de abusos, relató abiertamente su experiencia, subrayando que la confianza depositada en el sacerdote fue traicionada de forma cruel.
Las autoridades municipales de Alicante ya habían tomado medidas anteriormente, retirando el nombre de Escapa de una de las calles de la ciudad. Sin embargo, su participación en actos religiosos aún no está completamente prohibida. Aunque tiene vetado trabajar con menores y ejercer labores pastorales, todavía puede asistir a misas y formar parte de ceremonias eclesiásticas.
Posición de la Iglesia
La Orden de los Agustinos, a la que pertenece Escapa, aclaró que él no presidió la ceremonia, sino que estuvo entre otros miembros del clero. No obstante, para muchos este detalle no es una justificación. La cuestión sobre hasta qué punto es aceptable la presencia de personas así en actos públicos y religiosos vuelve a estar en el centro del debate social.
Las víctimas señalan que, incluso años después de destaparse los delitos, el dolor no desaparece. Los recuerdos de lo vivido regresan con fuerza cada vez que se menciona al implicado en el caso. Para ellas, la presencia de Escapa en el funeral no solo fue inesperada, sino también un símbolo de que la sociedad aún no ha desarrollado mecanismos claros para abordar situaciones de este tipo.
Consecuencias y debate
El escándalo en torno al funeral en Huelva ha reabierto el debate sobre los límites de lo aceptable para quienes están involucrados en delitos contra menores. La discusión sigue viva en la sociedad: algunos exigen la exclusión total de estas personas de cualquier acto público, mientras que otros apelan a un enfoque más medido, considerando los matices legales y el derecho al arrepentimiento.
En España, estos casos no son infrecuentes. En los últimos años, varios casos sonados relacionados con violencia en instituciones religiosas han provocado protestas públicas y una revisión de las políticas eclesiásticas. En algunas regiones se han implementado medidas de control adicionales sobre la actividad del clero, pero hasta ahora no existen estándares unificados en todo el país.
Recordando acontecimientos recientes, cabe señalar que en 2025 un incidente similar ocurrió en Cataluña, donde un ex sacerdote acusado de acoso fue visto en una fiesta escolar. En aquella ocasión, la presión social obligó a las autoridades eclesiásticas a tomar medidas más estrictas. En otros países europeos también continúan los debates sobre cómo proteger los derechos de las víctimas y evitar que se repitan situaciones semejantes. La sociedad española sigue de cerca el desarrollo de los acontecimientos, exigiendo transparencia y justicia.












