
En España estalló una polémica después de que un juez archivara una investigación sobre la supuesta venta de una menor de Navarra a una familia de Lleida, con el objetivo de casarla con un hombre de 21 años. A pesar del gran revuelo social, de momento no se han producido consecuencias legales para los implicados.
Según la causa, se trataba de una chica de 14 años que, según la versión policial, habría sido entregada por sus padres a otra familia a cambio de dinero y alcohol. Todo apunta a un posible matrimonio forzado, algo prohibido por la ley en España desde hace más de una década. Posteriormente, la menor fue hallada pidiendo limosna en la entrada de un supermercado en Les Borges Blanques.
Pese a la documentación recopilada, el juez decidió archivar el caso. El motivo: falta de pruebas, ya que no se hallaron transferencias de dinero ni registros oficiales de matrimonio. Los investigadores no pudieron confirmar ni la existencia de la transacción ni la relación matrimonial entre la menor y el adulto. En situaciones similares, cuando se trata de menores y las pruebas son escasas o inexistentes, resulta extremadamente difícil llevar el caso ante los tribunales.
La decisión judicial ha generado un intenso debate en la sociedad. Muchos se preguntan si influyó el hecho de que la víctima perteneciera a la comunidad gitana, un colectivo que históricamente ha sufrido prejuicios y aislamiento social. También surgen dudas sobre si, en otras circunstancias, la investigación se habría archivado con tanta rapidez. Esta situación vuelve a poner sobre la mesa el problema de la estigmatización y discriminación que enfrentan los grupos más vulnerables.












