
En la sala judicial de la provincia de Castellón continúa el juicio por los presuntos delitos sexuales cometidos durante treinta años en la secta La Chaparra, que operaba en las inmediaciones de Vistabella. En el banquillo de los acusados se sientan cinco de los seis procesados, entre ellos la viuda y la nuera del difunto líder de la comunidad, Antonio Garrigós, conocido como tío Toni. Ambas mujeres se enfrentan a penas de hasta 65 años de prisión por presuntos delitos contra menores.
La audiencia comenzó con sus declaraciones. Las mujeres, sin poder contener las lágrimas, aseguraron que desconocían los casos de abusos contra menores. Según su testimonio, todos los rituales sexuales se realizaban exclusivamente con adultos y supuestamente tenían un carácter curativo. «Jamás sospeché que algo así pudiera ocurrir con menores, es inimaginable», afirmó la nuera del líder, que ahora tiene 48 años. La viuda de tío Toni, una mujer de 74 años, añadió que, de haberse producido tales delitos, Antonio los habría ocultado cuidadosamente.
Negación de las acusaciones
Ambas mujeres, al igual que los otros acusados, negaron rotundamente cualquier implicación en los delitos por los que son señalados por las víctimas. La nuera solo reconoció un episodio: presenció el uso de un vibrador —un dispositivo que el líder de la secta empleaba para ‘tratar’ a las mujeres— sobre una menor de edad. Según su relato, pensaba que la joven ya había cumplido la mayoría de edad y estaba convencida de que se trataba de parte de la terapia. «Le sujeté la mano para que no se pusiera nerviosa», explicó.
Las mujeres señalaron que no formaban parte del círculo íntimo de confianza de Antonio ni tenían poder alguno dentro de la secta. Afirman que solo eran subordinadas y que todas las decisiones las tomaba exclusivamente el tío Toni. Según dicen, al principio sentían admiración por él, pero luego experimentaron miedo y desilusión al darse cuenta de que habían sido víctimas de un engaño.
Poder y sumisión
La viuda del líder contó que conoció a Antonio a través de una expareja. Él decía ser un enviado de Dios, predecía catástrofes y aseguraba que solo “la gente de luz” podía salvar al mundo. La mujer confesó que cayó completamente bajo su influencia: «Nos lavó el cerebro». Dependía de él incluso para asuntos cotidianos —recibía dinero solo para ir a la ciudad y, por cualquier falta mínima, podía recibir una bofetada.
En la secta existían los llamados “triángulos de luz” y el “círculo de las siete elegidas”: eran grupos de mujeres que, según la viuda, se dedicaban a orar, escuchar música y mantener relaciones íntimas con el líder. Se creía que estos rituales llevaban luz al mundo y prevenían desgracias. Más adelante, el tío Toni la excluyó de ese círculo y la envió a una habitación aparte.
Víctimas y manipulación
Según la acusación, en el «círculo de elegidos» también participó una menor de edad, aunque ambas mujeres insisten en que desconocían su edad. La nuera contó que conoció al líder de la secta cuando tenía 15 años. Sus padres le confiaron a Antonio, con la esperanza de que ayudara a su hija tímida. Pronto él empezó a visitarla en casa y, en una ocasión, aprovechando que estaban solos, abusó sexualmente de ella. La joven no entendía lo que ocurría y no era consciente de que era víctima de un delito.
Más tarde, cuando ella cumplió 16 años, el tío Toni utilizó con ella ese mismo vibrador, explicando que era necesario para «desbloquear» su salud femenina. Solo años después la mujer comprendió que había sido víctima de manipulación. A los 17, el líder de la secta la obligó a casarse con su hijo, controlando completamente su vida, desde las visitas a sus padres hasta las relaciones íntimas con su marido.
Testimonios y acusaciones
La Fiscalía y los expertos consideran que la secta pudo existir tanto tiempo solo gracias al apoyo del círculo más cercano al líder. Sin embargo, todos los acusados insisten en que no tenían ningún poder y eran tan víctimas como los demás. La nuera relató que sufrió abusos y humillaciones por parte del tío Toni, y que en una ocasión incluso la golpeó y la lanzó contra la pared por un error durante un procedimiento médico.
La mujer también recordó cómo perdió a su hijo después de que el líder de la secta insistiera en un peligroso viaje a las montañas. El momento decisivo para ella fue la confesión de la hija del tío Toni, quien relató los abusos de su padre. Fue entonces cuando la nuera empezó por primera vez a cuestionar la veracidad de las acusaciones.
Otros implicados
Ese mismo día, en el tribunal declaró otra exmiembro de la comunidad, quien negó cualquier relación con menores de edad. El único hombre entre los acusados también rechazó todas las acusaciones en su contra. La cuarta mujer, denunciada por su sobrina, afirmó que no fue testigo de ningún delito.
Los cinco acusados justifican las declaraciones de las víctimas por celos, conflictos personales o disputas financieras. Al día siguiente se prevé el interrogatorio de la última acusada, tras lo cual las partes decidirán si se modifican los cargos.












