
En una mina abandonada en las afueras de Zarza la Mayor, en la provincia de Cáceres, arqueólogos han hallado los restos de, presuntamente, entre 22 y 24 personas fallecidas durante la Guerra Civil. Las excavaciones se realizaron a profundidad, teniendo que descender entre montones de piedras, escombros y neumáticos viejos. Según los especialistas, acceder a los restos fue sumamente difícil: se tuvieron que retirar manualmente unas 30 toneladas de escombros.
La mayoría de los hallados eran hombres de entre 20 y 40 años, trabajadores agrícolas y simpatizantes de organizaciones de izquierda. Entre las víctimas, según los investigadores, podría haber una mujer que ejercía como maestra. El lugar no fue elegido al azar: durante la guerra, la mina fue utilizada como sitio clandestino para ocultar los cuerpos de opositores al régimen. Las familias de las víctimas pasaron décadas sin saber dónde buscar a sus seres queridos; ahora, al observar el trabajo de los arqueólogos, sienten a la vez alivio y dolor.
Las excavaciones coincidieron con cambios políticos en la región. El Parlamento de Extremadura anuló la ley de memoria vigente, que había sido adoptada para honrar a las víctimas de la dictadura y la guerra. En su lugar, se introduce una nueva normativa que evita referencias directas al golpe de 1936 y no califica las décadas posteriores como dictadura. Según numerosos historiadores y familiares de las víctimas, la nueva redacción podría dificultar futuras búsquedas e identificaciones de los fallecidos.
Las autoridades regionales afirman que los cambios buscan la “reconciliación” y la recuperación de la memoria de todas las víctimas, pero representantes de familias e investigadores muestran escepticismo ante estas promesas. Señalan que la mayoría de las solicitudes de exhumación han sido presentadas por familiares de republicanos, ya que las familias de los nacionalistas ya tuvieron la oportunidad de enterrar a sus seres queridos durante el régimen de Franco.
Los trabajos en la fosa fueron financiados por las autoridades locales y, además de especialistas, los familiares de las víctimas pudieron seguir la exhumación a través de una pantalla especial. Para muchos de ellos, este fue el primer paso para recuperar la historia familiar que durante años fue silenciada por el miedo y el dolor.
En este contexto, el gobierno central de España sigue destinando fondos para la búsqueda e identificación de víctimas de la represión. Se calcula que aún quedan miles de fosas sin abrir en el país. Al mismo tiempo, la derogación de las leyes de memoria en algunas regiones genera preocupación entre organizaciones internacionales, que llaman a España a no olvidar las páginas trágicas de su historia.












