
En Extremadura ha comenzado una nueva sesión parlamentaria y desde los primeros minutos quedó claro que reinará la tensión. Manuel Naharro Gata asumió la presidencia de la Asamblea, pero su camino hasta ahí fue complicado. Su candidatura fue apoyada únicamente por los diputados del Partido Popular (PP) —29 votos y ni uno más. Ni Vox ni otras formaciones se sumaron a esta decisión, dejando patente desde el inicio la división en la política regional.
En su primer discurso como presidente, Naharro no evitó los temas delicados. Subrayó que vivimos tiempos de incertidumbre: la sociedad está marcada por la desconfianza y la polarización. Según él, la política debe unir y ofrecer respuestas reales a las demandas ciudadanas. El nuevo presidente llamó a sus colegas a ejercer madurez y responsabilidad, convencido de que esta legislatura será decisiva para el futuro de la región.
Desacuerdo y ultimátums
Sin embargo, tras bambalinas en la Asamblea, la tensión aumenta. Las negociaciones entre el PP y Vox, que debían cimentar una mayoría estable, han quedado estancadas de forma inesperada. Vox, liderado por Santiago Abascal, se levantó abruptamente de la mesa de diálogo, acusando a sus socios de no tener voluntad real de impulsar cambios políticos. Esta decisión tomó por sorpresa incluso a la líder regional del PP, María Guardiola, quien se enteró del movimiento de Vox apenas por un breve correo electrónico.
La situación se complica porque Guardiola enfrenta un plazo concreto: antes del 19 de febrero debe obtener el apoyo de Vox para asegurar una votación exitosa a la presidencia del gobierno. De no lograrlo, la región podría verse abocada a nuevas elecciones, lo que solo aumentaría la inestabilidad política.
Intentos de llegar a un acuerdo
A pesar de las discrepancias, Guardiola no pierde la esperanza. Ha declarado públicamente que confía en el sentido común de Vox y en su disposición a pensar en el futuro de Extremadura en lugar de involucrarse en juegos políticos de otras regiones. Según ella, los votantes han sido claros: quieren estabilidad y no otro ciclo de bloqueo institucional.
Guardiola prometió contactar de inmediato a los negociadores de Vox para intentar que vuelvan a la mesa de diálogo. Hizo un llamado a mantener un diálogo respetuoso, evitando polémicas innecesarias en los medios, y subrayó que el PP está dispuesto a ceder y tiende la mano a sus adversarios.
La retórica dura de Vox
Mientras tanto, el portavoz de Vox en el parlamento, Óscar Fernández, adoptó una postura mucho más firme. Declaró abiertamente que las negociaciones con el PP están lejos de prosperar y no percibe en Guardiola una verdadera voluntad de cambio. Según Fernández, si el PP realmente quisiera llegar a un acuerdo, la elección de la presidencia de la Asamblea debería haber sido el resultado de un pacto entre ambos partidos.
Vox asegura que propuso un acuerdo integral, pero sostiene que el PP se negó a abordar cuestiones clave, incluido el reparto de cargos. Fernández calificó las ofertas del PP de “ofensivas y vergonzosas” y sugirió que, en realidad, el partido se está preparando para unas nuevas elecciones en vez de buscar un diálogo real.
Concesiones simbólicas
Sin embargo, el PP intentó acercar posiciones: el partido cedió sus votos para que la representante de Vox, Beatriz Muñoz, fuera elegida primera secretaria de la Asamblea. Guardiola describió este gesto como una muestra de generosidad y respeto hacia la voluntad de los votantes, que quieren ver a Vox en la dirección del parlamento.
No obstante, Vox no valoró esta iniciativa. Fernández declaró que no considera el nombramiento de Muñoz como resultado de ningún pacto y advirtió: si el PP piensa que puede “comprarlos” con puestos específicos, va por el camino equivocado. Aseguró que la medida no fue discutida ni formó parte de las negociaciones.
La oposición interviene
Mientras PP y Vox mantienen su pulso, los socialistas del PSOE y los representantes de Unidas por Extremadura aprovechan para recordar su presencia. El líder de la administración provisional del PSOE, José Luis Quintana, instó a ambos partidos a mostrar respeto por la región y dejar de montar espectáculos políticos para lograr titulares. Se mostró convencido de que finalmente se formará el gobierno en Extremadura, aunque insinuó que las decisiones no se toman en Mérida sino en Madrid, y que mucho dependerá del resultado de las elecciones en otras regiones como Aragón.
Irene de Miguel, de Unidas por Extremadura, considera que no debe existir ningún acuerdo real entre el PP y Vox. Calificó la presencia de Vox en la Mesa de la Asamblea como un gesto meramente simbólico y está convencida de que, si esto es parte de un pacto, Vox claramente sale perdiendo.












