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FAES acusa a sus oponentes de intentar reescribir la historia de España

Polémica en Sevilla: suspenso del foro sobre la Guerra Civil, intrigas, tensiones en la sociedad y los verdaderos actores detrás del pulso por la memoria histórica

El foro sobre la Guerra Civil en Sevilla se aplazó tras fuertes críticas. FAES culpa a la izquierda de querer devolver al país al conflicto de 1936. En el centro del debate: la memoria y la política.

En España ha vuelto a encenderse el debate sobre cómo recordar y debatir los acontecimientos de la Guerra Civil. El traslado del foro en Sevilla, dedicado a este tema, se convirtió en motivo de fuertes acusaciones y intensos debates. La decisión de cancelar el evento en el lugar original provocó una oleada de discusiones sobre los límites de la libertad de opinión y quién tiene derecho a definir la verdad histórica.

FAES, la fundación vinculada al expresidente José María Aznar, lanzó duras críticas contra los sectores de izquierda. En un comunicado publicado, la organización sostiene que los intentos de “volver a 1936” son peligrosos para el consenso nacional. Según FAES, el uso del nombre de Aznar fue solo un pretexto para el boicot, mientras que la verdadera razón radica en la negativa a permitir un intercambio libre de opiniones sobre las páginas complejas de la historia.

Política y memoria

En el centro del conflicto quedó no solo la figura de Aznar, sino también el propio enfoque hacia la memoria histórica. FAES insiste en que volver a la retórica de tiempos de guerra solo reaviva viejas heridas e impide el diálogo. La fundación considera que los intentos actuales de revisar los resultados del período de transición e imponer una versión “oficial” del pasado socavan los cimientos de la sociedad democrática.

En el comunicado, FAES destaca que, incluso antes de la aprobación de las leyes de memoria en 2007, España ya había dado pasos hacia la reconciliación nacional. Como ejemplos, el think tank menciona la amnistía de 1977 y la Constitución de 1978, que, según la fundación, sentaron las bases para la convivencia pacífica. Se subraya especialmente el papel de Aznar en el fortalecimiento de estos principios durante su mandato.

Reacción del público

El escándalo en torno al foro cobró nuevo impulso después de que el reconocido escritor Arturo Pérez-Reverte acusara a representantes de la extrema izquierda de presionar a los organizadores. Señaló que las amenazas y llamamientos al boicot provenían de redes sociales y que entre los instigadores figuraban nombres de destacados políticos. Pérez-Reverte incluso propuso a uno de ellos participar personalmente en el debate para discutir abiertamente, en lugar de ataques en Internet.

La situación se complicó cuando el novelista David Uclés, autor de populares obras sobre la Guerra Civil, decidió no participar en el evento. El motivo fue su negativa a compartir escenario con Aznar y el exsecretario de Vox Iván Espinosa de los Monteros. Esta decisión generó un nuevo debate sobre los límites de las discrepancias políticas en los espacios científicos y culturales.

Controversia histórica

FAES afirma que el boicot al foro es una muestra de intolerancia hacia puntos de vista alternativos. Desde la fundación sostienen que los intentos de limitar el debate y de imponer una única interpretación de los hechos del pasado conducen a la división social. Les indigna especialmente, según su opinión, el empeño de ciertos políticos en utilizar la historia para lograr objetivos inmediatos.

En el comunicado de la fundación se señala que la tarea de los políticos no es reescribir el pasado, sino garantizar las condiciones para que los historiadores puedan debatir libremente. FAES insiste en que cualquier intento de ‘corregir’ la historia por intereses políticos es inaceptable y peligroso para el futuro del país.

Contexto y consecuencias

La cuestión de cómo recordar la Guerra Civil sigue siendo una de las más delicadas en la sociedad española. La Ley de Memoria aprobada en 2007 marcó el inicio de nuevos debates sobre el papel del Estado en la construcción del relato histórico. Desde entonces, las polémicas sobre monumentos, nombres de calles y programas educativos no han cesado, y cada nuevo acontecimiento vinculado a este tema provoca una fuerte reacción pública.

En los últimos años han surgido repetidos conflictos en España en torno a actos públicos dedicados a capítulos controvertidos de la historia. Posposiciones, cancelaciones y boicots de foros, exposiciones y conferencias se han convertido en algo habitual. Estas situaciones suelen ir acompañadas de acusaciones de censura, presiones políticas e intentos de restringir la libertad de expresión. Como consecuencia, el debate social sobre el pasado se ha vuelto cada vez más polarizado y el compromiso resulta menos alcanzable.

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