
En Guadalajara (México), a los 64 años, falleció Jesús Silva Fernández, uno de los diplomáticos españoles más destacados de las últimas décadas. Hace solo unos meses asumió el cargo de cónsul general, pero el destino decidió otra cosa. A lo largo de su extensa carrera, Silva ocupó puestos como embajador en Panamá, Jamaica y, sobre todo, en Venezuela, donde su nombre se convirtió en símbolo de la firmeza y la integridad diplomática.
Fue en Caracas donde Silva se encontró en el epicentro de tormentas políticas, cuando la confrontación entre el gobierno y la oposición alcanzó su punto máximo. En pleno auge de la crisis, ofreció asilo en su residencia a uno de los líderes opositores, Leopoldo López, lo que generó repercusión no solo en América Latina, sino también en Europa. Silva enfrentó presiones del régimen casi desde su llegada al país y, a principios de 2018, se vio obligado a abandonar Venezuela por exigencia de las autoridades. Sin embargo, meses después regresó para continuar su labor en un clima de tensión constante.
En abril de 2019, cuando López recuperó la libertad gracias al apoyo de parte del ejército, la situación en el país volvió a agravarse. Tras el fallido intento de levantamiento masivo, el opositor se refugió inicialmente en la embajada de Chile y luego se trasladó a la residencia española, donde permaneció casi un año y medio. Solo en octubre de 2020 logró salir del país y establecerse en Madrid. Para entonces, Silva ya había finalizado su misión en Venezuela y fue trasladado a otro puesto diplomático.
Después de Caracas, el diplomático continuó su carrera en Sudáfrica, donde encabezó el consulado en Ciudad del Cabo. Su trayectoria profesional no se limitó a cargos en embajadas: Silva dirigió la empresa estatal INECO, ocupó puestos directivos en el Ministerio de Asuntos Exteriores y también trabajó en Alemania y Argentina. Originario de Sevilla, dedicó más de treinta años al servicio diplomático y dejó una huella notable en la historia de la política exterior española.
El fallecimiento de Silva se convirtió en un acontecimiento relevante para el cuerpo diplomático español y generó reacciones entre quienes conocieron su trabajo y sus principios. Colegas y antiguos colaboradores destacan su contribución a la defensa de los valores democráticos y su capacidad para encontrar entendimiento incluso en las circunstancias más difíciles. En particular, Leopoldo López agradeció públicamente el apoyo y la humanidad demostrados en tiempos difíciles.












