
De cara a las elecciones en Extremadura, el líder del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, reconoció abiertamente que es prácticamente imposible aspirar a una mayoría absoluta en la región. Durante un encuentro con votantes en Zahínos (Badajoz), señaló que la actual situación política no permite al PP gobernar en solitario. Según sus palabras, el partido se verá obligado a volver a solicitar el apoyo de Vox, a pesar de que precisamente las diferencias con esta formación política condujeron en su momento a la convocatoria anticipada de elecciones.
Feijóo subrayó que, en la España actual, lograr la mayoría resulta cada vez más difícil. Su estrategia consiste en superar a las formaciones de izquierdas en votos para minimizar la influencia de Vox en una futura coalición. Sin embargo, según el propio político, será el partido de Santiago Abascal quien determine las condiciones de la colaboración. Feijóo instó a Vox a no bloquear la labor del parlamento regional, evitando aliarse con la izquierda.
La realidad del electorado
Dentro del PP no lo ocultan: incluso con un alto porcentaje de votos, la mayoría absoluta sigue siendo inalcanzable. Recuerdan que, en 2011, José Antonio Monago, quien entonces encabezaba el partido en Extremadura, no logró obtener el número necesario de escaños ni siquiera con un 46% de apoyo y se vio obligado a buscar un compromiso con la izquierda. Actualmente, según las estimaciones, la presidenta regional, María Guardiola, está por debajo de esas cifras, y el auge de Vox complica aún más el panorama.
Las últimas encuestas muestran que el PP podría alcanzar aproximadamente el 38,8% de los votos, lo que le daría 30 escaños en el parlamento—tres menos de los necesarios para la mayoría. Según las previsiones, Vox aumentará su representación hasta 9 diputados, obteniendo alrededor del 14%. Por su parte, los partidos de izquierda pierden terreno: el PSOE corre el riesgo de quedarse solo con 21 escaños y Unidas por Extremadura con 5.
La estrategia del PP
Feijóo no oculta que su objetivo principal no es la mayoría absoluta, sino reducir el “precio” del apoyo de Vox. Para ello, el PP busca superar a la izquierda en número de votos, de modo que baste con la abstención de Vox para formar gobierno, y no con su respaldo activo. Dentro del partido confían en que Vox terminará por suavizar sus exigencias, aunque los dirigentes de la ultraderecha ya han dejado claro que esperan condiciones más ventajosas que en Valencia.
La incógnita sobre cuánto exigirá Vox a cambio de su apoyo sigue abierta. En el PP esperan que las negociaciones no se prolonguen y la región evite un nuevo bloqueo político. Sin embargo, los representantes de Vox advierten que no están dispuestos a ceder sin garantías.
Debates internos
Durante su intervención, Feijóo también respondió a las declaraciones de la presidenta de Madrid (Isabel Díaz Ayuso), quien pidió al partido ser más apasionado y decidido. El líder del PP respondió con ironía, asegurando que no se considera un político “tibio” y que no aspira a formar parte de un equipo de indecisos. Recordó que siempre ha ganado las elecciones en las que ha participado y subrayó que las opiniones sobre su estilo difieren: algunos lo ven demasiado duro, otros, en cambio, no lo consideran lo suficientemente firme.
Dentro del partido continúan los debates sobre cuál debe ser la estrategia electoral y cómo gestionar la relación con Vox. Algunos apuestan por una postura firme, mientras que otros proponen buscar compromisos en favor de la estabilidad regional.
Perspectivas de la coalición
Todo indica que el PP de Extremadura no podrá evitar las negociaciones con Vox. Pese a los intentos de minimizar el peso de la ultraderecha, su apoyo será clave para formar un nuevo gobierno. La incógnita es en qué términos se alcanzará el acuerdo y cómo afectará al equilibrio político en la región.
Por ahora, los electores se preparan para una votación crucial y los partidos, para unas negociaciones complejas que marcarán el futuro de Extremadura en los próximos años.












