
En España comienza un periodo que podría alterar el equilibrio de poder en la Fiscalía del país. Tras la salida de Álvaro García Ortiz, condenado por el Tribunal Supremo por revelar información confidencial, todas las miradas se centran en Teresa Peramato, recién nombrada fiscal general. Este próximo viernes tendrá que tomar decisiones que marcarán el futuro no solo del organismo, sino de todo el sistema judicial. Están en juego 19 puestos clave, incluidos seis en el Tribunal Supremo, y más de 80 aspirantes.
Retos de la nueva dirección
Peramato asumió el cargo con la promesa de unir a los grupos de fiscales divididos y cerrar viejas heridas. Ahora debe elegir entre mantener el rumbo actual o apostar por cambios profundos. Según informa El País, planea repartir los cargos entre representantes de diferentes asociaciones: la mayor, AF (Asociación de Fiscales), la segunda en número, UPF (Unión Progresista de Fiscales), la pequeña APIF (Asociación Profesional e Independiente de Fiscales) y candidatos independientes. Aunque el Consejo Fiscal tiene un papel consultivo, la decisión final dependerá de Peramato.
En los últimos años, el descontento ha ido en aumento dentro del organismo: representantes de la AF y la APIF acusaban a los anteriores responsables —García Ortiz y Dolores Delgado— de favorecer a los miembros de la UPF en los nombramientos para cargos de alto nivel. Estas acusaciones fueron uno de los motivos por los que la anterior composición del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) consideró a García Ortiz no apto para la prórroga de su mandato. Sin embargo, el Tribunal Supremo no encontró pruebas de favoritismo sistemático, señalando que las disputas solo surgían en casos concretos.
Lucha por los puestos clave
Especial atención despierta la distribución de cargos en la sección penal del Tribunal Supremo. Aquí, diez candidatos compiten por tres puestos de dirección, entre ellos la exjefa de la Secretaría Técnica Ana García León, así como conocidos fiscales del caso del proceso catalán —Consuelo Madrigal y Jaime Moreno—. Estas vacantes se abrieron tras el nombramiento de Peramato en un nuevo puesto, la inminente jubilación de Fidel Cadena y la finalización del mandato de Javier Huete, quien también aspira a la prórroga.
Además, 36 personas aspiran a tres plazas ordinarias en la sección penal. Entre ellas destaca Diego Villafañe, adjunto al jefe de la Secretaría Técnica bajo García Ortiz, quien fue absuelto en la causa contra el ex fiscal general del Estado. Otra figura relevante es Almudena Lastra, fiscal jefe de Madrid, que jugó un papel clave en la investigación sobre una posible filtración de información en delitos fiscales.
Impacto en las regiones y nuevos nombramientos
Ese mismo día se asignarán los cargos en las fiscalías anticorrupción, antidopaje, constitucional, así como en la Sala Nacional de lo Penal y varios organismos regionales. Entre los candidatos hay otros tres miembros de la Secretaría Técnica, lo que podría provocar cambios internos en este departamento actualmente dirigido por Julio Cano.
La composición del Consejo de Fiscales se decide en elecciones: actualmente, la mayoría de los asientos los ocupan representantes de AF y APIF, quienes criticaron a la dirección anterior. La asociación progresista UPF solo cuenta con dos votos. A ellos se suman dos plazas por cargo —el teniente fiscal del Tribunal Supremo y el jefe de inspección—, así como la propia Peramato. Sin embargo, a pesar de la ventaja numérica, el Consejo no toma decisiones finales sobre los nombramientos; su función es consultiva y la decisión definitiva queda en manos del fiscal general.
Contexto y consecuencias
La situación en la fiscalía española recuerda a otros recientes y notorios relevos en organismos públicos. Por ejemplo, hace poco las autoridades de Canarias decidieron la salida del responsable de ICAVI tras la apertura de un caso por delito sexual, lo que generó un fuerte impacto social y abrió un debate sobre la confianza en las instituciones. Más detalles en el artículo sobre las consecuencias del escándalo en ICAVI.
Según informa El País, cada nuevo nombramiento en la fiscalía desata debates entre las asociaciones y se discute no solo en el ámbito profesional, sino también en la sociedad. En los últimos años, este tipo de decisiones de personal a menudo han estado acompañadas de procesos judiciales y han sido impugnadas ante las más altas instancias. En 2024, una situación similar se presentó durante el relevo de la dirección en uno de los departamentos del Ministerio de Justicia, cuando la disputa por los nombramientos llegó hasta el Tribunal Constitucional. Estos procesos evidencian cuán sensibles son las cuestiones de transparencia y justicia en la asignación de cargos clave en España.











