
En el Ayuntamiento de Valencia estalló un escándalo político: Vox, partido que forma parte de la coalición de gobierno junto al Partido Popular (PP), se negó a apoyar la implantación de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE). La decisión se tomó en el pleno municipal, donde se debatía el futuro de esta nueva normativa medioambiental que debía entrar en vigor ya en diciembre.
Tras la votación, el Partido Popular quedó solo defendiendo un proyecto que previamente había sido pactado por ambos socios de gobierno. Las formaciones de la oposición, Compromís y PSPV-PSOE, también votaron en contra, pero por motivos diferentes: consideran que las medidas propuestas son demasiado blandas y no supondrán una mejora real en la calidad del aire de la ciudad.
La propuesta polémica consistía en restringir el acceso al centro urbano para los vehículos antiguos sin distintivo ambiental, matriculados fuera de la provincia de Valencia. Sin embargo, para los residentes locales, estas restricciones no entrarían en vigor hasta 2028. Vox argumentó su rechazo alegando que considera este tipo de medidas impuestas desde fuera y que limitan la libertad de movimiento de los ciudadanos. En su opinión, estos proyectos se impulsan por la presión de las instituciones europeas y el gobierno central.
Por su parte, representantes de la oposición acusaron al Ayuntamiento de ineficacia y advirtieron sobre la posible pérdida de importantes fondos europeos destinados al desarrollo del transporte sostenible y la reducción de la contaminación. Según sus cálculos, están en juego 115 millones de euros que podrían perderse, junto a subvenciones adicionales para el transporte.
Crisis política y exigencias de dimisión
Tras el fracaso de la votación, estalló un intenso debate en el pleno. La oposición exigió la dimisión inmediata del responsable de transporte y la ruptura del acuerdo de coalición con Vox. Consideran que seguir colaborando con un partido que niega la necesidad de combatir la contaminación perjudica tanto la imagen de la ciudad como la salud de sus habitantes.
Los socialistas propusieron un acuerdo intermedio: modificar los parámetros de la zona de bajas emisiones, ampliar sus límites y ajustar los plazos de aplicación de las restricciones. Sin embargo, el Partido Popular se negó a ceder y mantuvo su propuesta inicial. Al final, ninguna de las partes logró convencer al resto y el proyecto fue rechazado.
Consecuencias para la ciudad
El fracaso de esta iniciativa puede costarle a Valencia no solo pérdidas económicas, sino también sanciones por parte de instituciones europeas. La ciudad corre el riesgo de quedarse sin apoyo para desarrollar infraestructuras de transporte y modernizar el transporte público. Además, la falta de una política ecológica clara podría afectar negativamente a la reputación de Valencia frente a otras grandes ciudades de España.
La situación sigue siendo tensa: en breve se esperan nuevas discusiones y, posiblemente, una revisión de los acuerdos de coalición. El futuro de la zona de bajas emisiones y el destino de las inversiones europeas permanece, por ahora, sin resolverse.












