
En Madrid ha comenzado un mediático juicio que puede ser decisivo para el exconsejero del gobierno regional Francisco Granados. En el banquillo de los acusados está quien en su día fue considerado una de las figuras más influyentes de la política autonómica. Ahora, Granados debe defenderse de las acusaciones de manipulación de contratos públicos, en el marco del caso Púnica, que desde hace años ocupa las portadas de los medios españoles.
Desde el inicio de la vista en la Audiencia Nacional, la defensa de Granados adoptó una estrategia agresiva. Los abogados del exalto cargo insisten en que todos los posibles delitos de los que se le sospecha ya deberían estar prescritos. Se trata de supuestos contratos ilegales firmados con el empresario José Luis Huerta, de la empresa Waiter Music. Estos episodios marcaron el punto de partida de una nueva fase de la investigación que ha situado a Granados en el centro de la atención pública.
Embate judicial
En la primera sesión del juicio, la defensa no solo intentó impugnar la legalidad de las acusaciones, sino que también negó cualquier vínculo con tramas de corrupción. Según sus abogados, Granados no tuvo relación con la adjudicación de contratos ni capacidad para influir en las decisiones de los ayuntamientos. Sin embargo, la investigación sostiene lo contrario: aseguran que, gracias a su posición en el gobierno de Esperanza Aguirre y su amistad personal con Huerta, Granados supuestamente facilitaba contratos favorables para Waiter Music en varios municipios, entre ellos Valdemoro y Ciempozuelos.
El juez de instrucción Manuel García-Castellón concluyó en su momento que Granados no solo impulsó la carrera de Huerta, sino que también utilizó su influencia para defender los intereses de la empresa a nivel autonómico. En el escrito de acusación se señala que el exconsejero gozaba de una “posición de superioridad” y podía presionar a sus subordinados para lograr decisiones favorables.
Peticiones de la acusación
La Fiscalía Anticorrupción solicita para Granados seis años de prisión. Sin embargo, las exigencias no terminan ahí: el Partido Socialista (PSOE) y la Asociación de Abogados Demócratas por Europa (Adade), que actúan como acusación popular, reclaman una condena mucho más severa, de hasta 38 años de cárcel. Esta amplia diferencia en las peticiones solo aumenta el interés por el proceso y plantea dudas sobre la verdadera magnitud de la red de corrupción investigada.
El caso Púnica no es simplemente otro escándalo de corrupción. Desde que se destapó en 2014, ha evolucionado hasta convertirse en una macrocausa que involucra decenas de episodios y acusados. El juicio actual es ya el quinto, pero es la primera vez que Granados se sienta en el banquillo bajo el foco mediático y judicial de forma tan intensa.
Pasado y presente
Anteriormente, Granados ya se había enfrentado a cargos relacionados con este caso. En 2017 fue declarado culpable y condenado a dos años de prisión por recibir información de un miembro de la Guardia Civil sobre el curso de la investigación. Sin embargo, el proceso actual destaca por su dimensión y repercusión: no solo está en juego la libertad del exfuncionario, sino también la reputación de toda una generación política.
Lo interesante es que el propio Granados y su entorno siguen defendiendo su inocencia. Alegan que todas las acusaciones no son más que un intento de ajustar cuentas y desprestigiar a antiguos representantes del poder. No obstante, por la tensión palpable en la sala, la batalla apenas comienza y el desenlace de esta historia es imposible de predecir.
Mirada desde fuera
El juicio contra Granados se ha convertido en una prueba clave para todo el sistema político español. Las cuestiones de transparencia, responsabilidad e influencia de las relaciones personales en la toma de decisiones volvieron al centro de la atención pública. Muchos observadores coinciden: al margen del desenlace, este proceso ya es símbolo de la lucha contra la corrupción en las altas esferas.
Mientras ambas partes continúan intercambiando argumentos y los jueces escuchan las defensas y acusaciones, la sociedad española contiene la respiración. Los ciudadanos esperan una respuesta clave: ¿logrará el exconsejero eludir el castigo o su nombre quedará para siempre asociado a la corrupción política en Madrid?












