
En los últimos meses, la situación con los VTC (vehículos de turismo con conductor) en Galicia se ha convertido en uno de los temas más debatidos por los habitantes de la región. Más de 450 expedientes por infracciones registrados en 2025 y principios de 2026 han encendido las alarmas entre quienes siguen de cerca el sector del transporte. El motivo es claro: la mayoría de conductores de VTC fueron sorprendidos realizando trayectos dentro de un mismo municipio, lo que contradice directamente la normativa vigente en Galicia. Esto no solo ha generado tensión entre taxistas y plataformas como Uber, Bolt y Cabify, sino que también ha puesto en entredicho la eficacia del control por parte de las autoridades locales.
Las autoridades gallegas, ante una avalancha de quejas por parte de los taxistas, se han visto obligadas a intensificar las inspecciones. Como resultado, se demostró que la mayoría de las infracciones se deben a que los VTC siguen operando dentro de una sola ciudad, aunque la ley exige que efectúen traslados entre distintos municipios. El problema se ha agudizado especialmente en ciudades como A Coruña, donde solo en los últimos meses se han impuesto más de una decena de multas que suman 16.000 euros. Sin embargo, a pesar de todo, el municipio aún carece de una base normativa clara para regular la actividad de los VTC, lo que genera descontento tanto entre los taxistas como entre los propios conductores de VTC.
Conflicto de intereses
Los ayuntamientos se encuentran en una situación complicada: por un lado, reciben los resultados de las inspecciones de las autoridades autonómicas y, por otro, carecen de suficientes competencias para responder de manera ágil. La directora de Movilidad de Galicia, Judit Fontela, subrayó en el Parlamento que corresponde a los municipios asumir la responsabilidad de regular y supervisar los VTC. Indicó que las inspecciones se llevan a cabo a nivel regional, pero la decisión final sobre sanciones recae en las administraciones locales. Esta declaración generó un intenso debate entre representantes municipales, quienes reclaman a la Xunta de Galicia normas más claras y respaldo para ejercer un control efectivo.
En A Coruña, la situación se complica porque la ciudad acaba de iniciar el proceso de consulta pública para la futura normativa de los VTC. Ciudadanos y colectivos profesionales tienen la oportunidad de presentar sus propuestas y colaborar con expertos técnicos para diseñar nuevas reglas. La alcaldesa, Inés Rey, ya ha solicitado a la Xunta que suspenda la concesión de nuevas licencias VTC hasta que se aprueben las nuevas disposiciones. Esta medida ha sido respaldada por numerosos taxistas, preocupados por el posible aumento de la competencia y la disminución de sus ingresos.
Ley y realidad
Las autoridades regionales insisten en que solo otorgan licencias VTC intermunicipales cuando se cumplen todos los requisitos, incluidos los estándares medioambientales. No obstante, según Fontela, la legislación vigente también permite que los ayuntamientos concedan licencias urbanas si la empresa de transporte ya posee una autorización intermunicipal registrada en Galicia. Esta situación genera confusión adicional y complica la supervisión de las compañías que prestan servicios VTC.
En octubre del año pasado, las autoridades gallegas ya informaron sobre los primeros cientos de actas de infracciones: 116 en Santiago de Compostela, 112 en A Coruña, 17 en Vigo y 2 en Culleredo. Cuatro meses después, la situación no ha cambiado: el número de infracciones sigue en aumento y ya no se publican datos concretos por municipio. Esto genera inquietud entre la población y alimenta el descontento de los taxistas, que consideran que las VTC operan fuera del marco legal.
Reacción social
En las últimas semanas, taxistas independientes de las principales asociaciones han protagonizado protestas en A Coruña. Exigen un control más estricto y la aplicación de sanciones claras a las VTC que incumplen las normas. Las autoridades municipales, por su parte, se ven obligadas a equilibrar las demandas del sector del taxi con la necesidad de garantizar servicios de transporte modernos tanto para residentes como para visitantes. Sigue sin resolverse quién debe asumir la responsabilidad de controlar y sancionar a los infractores.
Paralelamente, en otras regiones de España también se registran conflictos similares entre los transportistas tradicionales y los nuevos servicios. Por ejemplo, una reciente interrupción en el sistema ferroviario Rodalies en Barcelona provocó una fuerte reacción entre los pasajeros y abrió el debate sobre los problemas de la infraestructura de transporte. Más detalles sobre cómo este tipo de incidentes impactan en la opinión pública se pueden conocer en el reportaje sobre la inesperada parada de Rodalies en Barcelona.
En general, la situación de los VTC en Galicia refleja una tendencia a nivel nacional: el aumento de nuevos servicios de transporte hace necesario revisar las normas vigentes y buscar un equilibrio entre los intereses de los diferentes actores del mercado. Mientras las autoridades y los transportistas debaten los detalles, los ciudadanos lidian cada día con las consecuencias de los problemas no resueltos.
En los últimos años, España ha sido escenario de intensos debates entre taxistas y empresas de VTC. En Madrid y Barcelona, protestas y huelgas masivas de taxistas han provocado restricciones temporales a Uber y Cabify. En algunas regiones se han impuesto cuotas estrictas y zonas especiales para VTC, aunque esto no ha resuelto todos los problemas. La cuestión de cómo repartir de manera justa el mercado y controlar las actividades de los nuevos operadores sigue siendo uno de los retos principales para las autoridades locales. Estos conflictos estallan de manera recurrente en distintas ciudades, exigiendo cada vez nuevas soluciones y compromisos.












