
En Cataluña vuelve a intensificarse la lucha política en torno a la aprobación del presupuesto para este año. Alicia Romero, responsable de economía en la Generalitat, mantiene el optimismo: está convencida de que la región contará con presupuestos aprobados en los próximos meses. Sin embargo, la situación dista de ser tranquila: el partido ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) insiste en modificar el sistema de recaudación del impuesto sobre la renta, condición que consideran indispensable para iniciar cualquier discusión sobre las finanzas.
El líder de los republicanos, Oriol Junqueras, tras reunirse con Pedro Sánchez, dejó claro que aún no existen condiciones para negociar. En las últimas semanas, representantes de ERC han reiterado que si no se avanza hacia la gestión propia del IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas), no están dispuestos a debatir los presupuestos. No obstante, Romero considera que es posible superar los obstáculos técnicos y legales si se logra preparar a la Agencia Tributaria Catalana y adaptar la legislación correspondiente.
Pérdidas presupuestarias
Actualmente, Cataluña se rige por una prórroga presupuestaria de 2023, lo que, según Romero, supone para la región una pérdida de dos mil millones de euros. El presupuesto global asciende a 65.000 millones y cuenta con el respaldo no solo de los socialistas, sino también de ERC y fuerzas de izquierda. Las autoridades confían en que el nuevo modelo de financiación autonómica desbloqueará el proceso y acelerará la aprobación de las cuentas.
Sin embargo, la clave para resolver el problema la tiene Junts per Catalunya. Su postura podría ser decisiva en la votación en el Congreso. Albert Dalmau, actual consejero de Presidencia, considera que el Gobierno dispone de tiempo y margen para convencer a Junts de apoyar la reforma de la financiación. En una entrevista radiofónica hizo un llamado a la paciencia y expresó su confianza en que, llegado el momento clave, Junts no se mantendrá al margen.
La postura de Junts
Junts mantiene tradicionalmente una posición firme respecto a la autonomía financiera. Exigen para Catalunya un estatus económico especial, similar al concierto vasco. Dalmau admite que el deseo de Junts de tener mayor control sobre las finanzas es comprensible, pero pide no obstaculizar los acuerdos ya alcanzados entre el gobierno y ERC. A su juicio, el patriotismo se demuestra no bloqueando decisiones, sino buscando compromisos entre las distintas fuerzas políticas.
El consejero también cuestionó la viabilidad de los planes de Junts de salir del régimen fiscal común. Recordó que, en las últimas décadas, los partidos catalanes han tenido varias oportunidades de lograr más en Madrid, pero no se materializó. Según explicó, la política del ‘todo o nada’ ha generado estancamiento y no ha traído resultados tangibles para la región.
Divisiones internas en el partido
A pesar de la postura oficial de Junts, dentro del partido se escuchan voces diversas. Algunos alcaldes y exconsellers, entre ellos Jaume Giró, se han mostrado a favor del compromiso. Esto alimenta la esperanza de que, durante los debates parlamentarios, se logre alcanzar un consenso y desbloquear el proceso.
Por su parte, Junts reprocha a ERC haber anunciado un supuesto acuerdo sobre el concierto económico, equiparable al modelo vasco. Dalmau desmiente estas afirmaciones: según él, no se trata de un concierto, sino de un nuevo mecanismo de financiación que debería conceder a Cataluña mayor autonomía, pero no independencia fiscal plena.
Las negociaciones continúan
En paralelo al debate presupuestario, prosiguen las negociaciones entre socialistas y republicanos sobre la cesión a Cataluña de la gestión del IRPF. Dalmau remarca que el diálogo sigue abierto y expresa un moderado optimismo respecto a la posibilidad de alcanzar un acuerdo en las próximas semanas.
La situación sigue siendo tensa, pero se percibe la sensación de que los actores políticos entienden que prolongar el proceso no solo implica pérdidas económicas, sino también una mayor fragmentación de la sociedad catalana. El futuro modelo de financiación del territorio se convierte en una prueba clave para toda la política española de cara a 2026.











