
Brusco aumento de facturas y descontento generalizado
En el otoño de 2024, los habitantes y empresarios de Sant Hilari Sacalm, una pequeña localidad de Cataluña, se sorprendieron por los nuevos recibos del agua. En una región donde el agua siempre ha sido considerada el mayor tesoro, las cantidades en las facturas se multiplicaron varias veces. Para algunas familias y negocios los pagos subieron de 200 a 680 euros por trimestre, y en otros casos, de 35 a 189 euros. Esto desató una ola de indignación y manifestaciones multitudinarias en las calles.
El motivo fue la actualización de las tarifas tras el traspaso de la gestión del agua al municipio y la creación de la empresa mixta Aigües de Sacalm. La nueva compañía, con un 51% de participación municipal y un 49% de Agbar, tenía como objetivo renovar una infraestructura envejecida. Pero en lugar de la mejora esperada, los vecinos se encontraron con costes inasumibles.
Origen del conflicto: cómo se llegó a la crisis
Sant Hilari Sacalm es reconocido por sus manantiales: hay más de cien y el agua de sus marcas locales es famosa en toda España. Sin embargo, tras la imagen de abundancia se escondían viejos problemas en la red de abastecimiento. Ya en 2009, la empresa privada Agbar obtuvo el monopolio del servicio. Esta decisión originó litigios que se prolongaron casi una década. Como resultado, las tarifas quedaron congeladas y las inversiones en la red prácticamente se detuvieron.
Con los años, las tuberías se deterioraron y la sequía solo agravó la situación. Las autoridades decidieron crear una empresa mixta para renovar la infraestructura y asumir el control de la gestión. Sin embargo, la transición fue complicada: tras el lanzamiento de Aigües de Sacalm en julio de 2024, los vecinos recibieron facturas con importes inesperadamente altos.
Reacción social y medidas de la administración
Ante el fuerte aumento del precio del agua, la gente salió a las calles. En la ciudad se organizaron dos multitudinarias protestas donde los manifestantes exigieron la dimisión del alcalde y la revisión inmediata de las tarifas. Muchos simplemente se negaron a pagar las facturas y las devolvieron.
El ayuntamiento reconoció que se cometieron errores durante la transición al nuevo sistema. Las autoridades prometieron recalcular las tarifas, compensar a los afectados y contratar a un ingeniero independiente para diseñar un sistema de pagos más justo. El descontento se centró especialmente en la parte fija del pago, que en algunos casos se triplicó sin importar el consumo.
Negocios afectados y expectativas de cambio
Los empresarios locales se encuentran en una situación especialmente difícil. El dueño de un bar, que gestiona el establecimiento con su familia, relató que sus gastos en agua han aumentado tanto que el negocio está en peligro. En otros restaurantes y comercios la situación es similar: las facturas se han duplicado o incluso más.
Los residentes mayores, las familias con niños y quienes viven solos también expresan su preocupación por la imprevisibilidad de las nuevas tarifas. Muchos esperan con inquietud la próxima factura trimestral, temiendo nuevas sorpresas. En la ciudad se percibe un clima de desconfianza hacia las promesas de la administración.
Planes de futuro y demandas de los residentes
Las autoridades han anunciado su intención de revisar el programa de inversiones e implementar un aumento de tarifas más gradual. Se debate la posibilidad de volver temporalmente a las tarifas anteriores hasta que se apruebe un nuevo esquema. Al mismo tiempo, los vecinos se han unido en una plataforma ciudadana exigiendo transparencia y justicia en la formación de los precios del agua.
Por ahora, San Hilari Sacalm sigue siendo un ejemplo de cómo incluso en regiones ricas en recursos naturales, una reforma mal gestionada puede generar tensión social y descontento generalizado. Los ciudadanos continúan luchando por sus derechos, mientras las autoridades buscan un equilibrio entre la necesidad de inversiones y la capacidad de la población.












