
Barcelona se enfrenta a una creciente polémica sobre el futuro de las viviendas situadas frente a la emblemática basílica de la Sagrada Familia. La cuestión afecta no solo al patrimonio arquitectónico, sino también al destino de cientos de familias que podrían perder sus casas debido a los planes de construcción de una nueva fachada y de una escalinata, contemplados en el proyecto original de Antoni Gaudí. Esta situación ya está impactando en los precios de la vivienda y genera preocupación entre los vecinos.
Planes y temores
La construcción de la Sagrada Familia entra en su fase final y el siguiente paso será levantar la fachada de la Glòria en la calle Mallorca. Este proyecto podría suponer la demolición de varios edificios residenciales, lo que inquieta profundamente a los propietarios y arrendatarios de los pisos que están frente al templo. Según El País, los vecinos no reciben información clara sobre cuántas casas serán demolidas, cómo se gestionará el realojo y qué tipo de compensaciones están previstas.
La comisión responsable de la obra insiste en que la escalinata fue una idea original de Gaudí. Sin embargo, en 2018 los vecinos presentaron un documento del Ministerio de Cultura de 1975, que afirma que el arquitecto no planeó ni la escalinata ni una plaza frente a la basílica en la calle Mallorca. Este descubrimiento puso en duda la necesidad de derribar los edificios, aunque el debate sobre el proyecto sigue abierto.
El papel de las autoridades y las negociaciones
Las autoridades municipales, encabezadas por el alcalde Jaume Collboni, aseguran que, sea cual sea el escenario, defenderán los intereses de los vecinos. Prometen que, si es necesario afectar viviendas, el número de familias desplazadas será mínimo y todos los afectados recibirán nuevos pisos en las cercanías. El patronato del templo será quien asuma el coste del realojo. Actualmente, el Ayuntamiento, la comisión de obras y los representantes de los vecinos mantienen negociaciones, pero aún no existen decisiones concretas.
El teniente de alcalde y concejal del distrito de Eixample, Jordi Valls, subraya que cualquier cambio en el entorno urbano se consensuará con los vecinos y que el templo deberá asumir parte de la responsabilidad por las consecuencias de sus proyectos. Las autoridades se comprometen a publicar datos precisos sobre el número de familias afectadas y las posibles soluciones antes de 2027, aunque las obras de construcción continúan y la incertidumbre persiste.
Vivir en la incertidumbre
El número exacto de familias que podrían verse forzadas a mudarse sigue siendo desconocido. En diferentes años se han manejado cifras que oscilan entre 100 y 1.000 personas. Muchos residentes se abstienen de hacer reformas en sus viviendas por temor a perder la inversión. La caída de los precios de la vivienda y el aumento de los alquileres están forzando a algunos inquilinos a abandonar el barrio.
En 2019, la Sagrada Familia adquirió un amplio terreno a la empresa Aguas de Barcelona, a solo una manzana del templo. Esto generó expectativas sobre la posible construcción de nuevas viviendas para reubicar a los vecinos, aunque hasta ahora no ha habido confirmación oficial. La mayoría de los potencialmente afectados son residentes del edificio Núñez y Navarro, situado justo frente a la fachada de la Gloria. Según Fernando Díaz Lastra, presidente de su comunidad, el patronato del templo está interesado en dos manzanas comprendidas entre las calles Marina, Sardenya, Mallorca y Aragó.
Consecuencias sociales
Los vecinos se quejan del ruido constante, la afluencia de turistas, la desaparición de comercios y la incertidumbre respecto al futuro. En las puertas de los edificios han colocado carteles pidiendo a los guías turísticos que no difundan información falsa sobre el derribo de los inmuebles. Temen no solo perder su vivienda, sino también el deterioro de la reputación del propio templo. La asociación de vecinos del barrio sigue de cerca las negociaciones y espera una solución justa, aunque prefiere no dar detalles para no perjudicar el diálogo.
En los últimos años, en España se han suscitado recurrentes polémicas en torno a grandes proyectos de construcción que afectan los intereses de los residentes locales. Por ejemplo, en Madrid se debatieron planes para la remodelación de barrios históricos, generando protestas y obligando a buscar compromisos entre el desarrollo urbano y la preservación del entorno habitual. En Barcelona, ya se han dado casos en los que, para llevar a cabo cambios en infraestructuras, fue necesario reubicar a vecinos, procesos siempre acompañados de largas negociaciones y notable repercusión social.












