
En Andalucía continúa la investigación de una de las tragedias ferroviarias más graves de los últimos años. La colisión de dos trenes en la zona de Adamuz (Córdoba) dejó 43 fallecidos y otras 39 personas resultaron heridas de diversa gravedad. Trece de los heridos permanecen en cuidados intensivos y su estado se considera grave. Las autoridades y técnicos trabajan en el lugar del suceso para reconstruir minuto a minuto lo ocurrido.
La atención se centra en el sexto vagón del tren Iryo, que fue el primero en descarrilar. Según los expertos, este vagón fue el inicio de la cadena de acontecimientos que desembocaron en la tragedia. En la superficie de los cinco primeros vagones de Iryo, así como en formaciones que anteriormente circularon por ese tramo, se han encontrado arañazos y abolladuras inusuales. Aunque el tamaño de estas marcas no supera el de una moneda, podrían ser la clave para esclarecer las causas del accidente.
Marcas en el metal
Los técnicos no descartan que las marcas halladas estén relacionadas con daños en la vía férrea. Sin embargo, aún no está claro si aparecieron debido a una deformación previa del raíl o por la presencia de algún objeto extraño en las vías. Las autoridades insisten en que se descarta por completo un acto intencionado. La grieta de unos 30 centímetros en el raíl no pudo haber sido producida de manera manual, según confirman los resultados de la inspección en el lugar del accidente.
El ministro de Transportes de España señaló que aún es pronto para sacar conclusiones definitivas. Según afirmó, la naturaleza de las marcas en los vagones y su coincidencia con daños en otros trenes que circularon por esa vía requieren un análisis adicional. Los expertos investigan si estos arañazos fueron la primera señal de la catástrofe inminente que pasó desapercibida.
Segundos antes del impacto
La cronología de los hechos el día del accidente sorprende por su rapidez. El tren Iryo, que iba de Málaga a Madrid, perdió estabilidad alrededor de las 19:45, cuando los tres últimos vagones descarrilaron. Casi de inmediato, un tren Alvia proveniente de Madrid hacia Huelva ingresó en ese tramo. Entre el descarrilamiento y la colisión transcurrieron menos de nueve segundos. El maquinista de Iryo logró contactar al centro de control, reportando un ‘tirón brusco’ y exigiendo la parada inmediata del tráfico en la línea.
En la grabación de la comunicación, hecha pública, se escucha al maquinista pedir la presencia de bomberos y servicios médicos. Informa sobre un incendio y un gran número de heridos. A pesar de la rápida reacción, no se pudo evitar la colisión: dos vagones del Alvia, tras el choque, cayeron desde el terraplén, agravando las consecuencias del accidente.
Detalles técnicos
La velocidad de los trenes en el momento del accidente no superaba los límites permitidos. Según el presidente de la compañía ferroviaria, el tren Iryo circulaba a una velocidad de entre 205 y 210 km/h, conforme a las normas establecidas para ese tramo. La última revisión técnica del convoy se realizó solo cuatro días antes de la tragedia, y la antigüedad del tren no excedía los cuatro años.
La hipótesis principal que barajan ahora los expertos es una falla repentina en la infraestructura o un defecto en el raíl. La rotura de la vía podría haber provocado el descarrilamiento de los vagones. Sin embargo, los especialistas prefieren no apresurarse con conclusiones definitivas, subrayando que la investigación es complicada por numerosos matices técnicos y la necesidad de analizar minuciosamente todas las pruebas.
Trabajo en el lugar
En la zona del desastre continúan trabajando grúas de gran tonelaje y equipos especializados. Se realiza el levantamiento y evacuación de los vagones dañados, bajo cuyos escombros aún podrían encontrarse más víctimas mortales, según los rescatistas. La operación se ve complicada por la accidentada orografía del terreno y el riesgo de nuevos derrumbes.
Las autoridades prometen una investigación totalmente transparente y ya han anunciado que se publicarán todos los materiales del caso. Las familias de las víctimas y heridos exigen respuestas, mientras la opinión pública sigue de cerca cada movimiento de los expertos. Hay más preguntas que respuestas por ahora, y cada nuevo dato solo aumenta la atención sobre esta tragedia.












