
La justicia española se encuentra en un callejón sin salida: los intentos de esclarecer quién estuvo detrás del gran espionaje a altos funcionarios del país chocaron con la total indiferencia de Israel. El juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, afirmó abiertamente que la investigación sobre el hackeo de los dispositivos móviles de miembros del Gobierno de Pedro Sánchez mediante el software Pegasus está paralizada por la falta absoluta de colaboración de las autoridades israelíes. En cuatro años, el magistrado envió cinco solicitudes formales de cooperación y no obtuvo ninguna respuesta. Israel, en la práctica, ignoró todos los compromisos internacionales que había firmado.
Como consecuencia, según Calama, la investigación se ve obligada a archivarse por segunda vez, sin poder hallar nuevas pistas. La razón es sencilla: sin el apoyo de Israel, resulta imposible averiguar quién perpetró los ataques y responsabilizar a los culpables. Según el juez, esta actitud socava los cimientos de la cooperación internacional y pone en duda la viabilidad misma de investigar los ciberdelitos si una de las partes opta simplemente por no respetar las reglas.
El hackeo en las altas esferas
La historia comenzó en mayo de 2022, cuando la Audiencia Nacional recibió una denuncia del Servicio Jurídico del Estado. En ella se informaba sobre el acceso no autorizado a los teléfonos móviles del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y de la ministra de Defensa, Margarita Robles. Posteriormente, se descubrió que los ataques también afectaron a otros miembros del gobierno: el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el ministro de Agricultura, Luis Planas.
Según los documentos del caso, el teléfono del jefe del Ejecutivo fue infectado cinco veces entre octubre de 2020 y diciembre de 2021. En mayo de 2021, se sustrajeron 2,57 gigabytes de datos del dispositivo de Sánchez. El móvil de Robles fue atacado en cuatro ocasiones; los dispositivos de Grande-Marlaska y Planas, dos y una vez respectivamente, todos los incidentes ocurrieron en 2021.
Israel guarda silencio
El juez Calama intentó desde el principio obtener la colaboración de las autoridades israelíes, ya que la empresa NSO Group, desarrolladora de Pegasus, tiene su sede en Israel. La primera solicitud oficial se envió el 10 de mayo de 2022, en la que la parte española pedía ayuda para obtener información de NSO Group. Un mes después, se envió otra petición: permitir a una delegación española interrogar al director general de la empresa en territorio israelí.
Ответа не последовало. В сентябре de 2022 y en abril de 2023, las autoridades españolas reiteraron sus solicitudes, pero una vez más no obtuvieron respuesta. El juez señala que hasta ahora ni siquiera se ha recibido una confirmación formal de la recepción de los documentos. En julio de 2023, ante la falta de novedades, la investigación fue suspendida por primera vez. Sin embargo, en abril de 2024 el caso se reabrió, esta vez gracias a información proporcionada desde Francia, donde se investigaban ataques similares a teléfonos de periodistas, abogados y políticos.
Obligaciones internacionales
En febrero de 2025, Calama volvió a dirigirse a Israel, pero tampoco obtuvo respuesta. El magistrado subraya que Israel está incumpliendo varios acuerdos internacionales, incluida la Convención Europea de Asistencia Judicial en Materia Penal de 1959 y su Segundo Protocolo Adicional, firmado en 2006.
En su última resolución, Calama señala que Israel no solo ignora las solicitudes, sino que tampoco ofrece mecanismos alternativos de cooperación. Según el juez, esta actitud perjudica el equilibrio de la cooperación internacional y socava el principio de buena fe que debe regir las relaciones entre Estados.
Impotencia española
El juez no oculta su frustración: cuatro años de intentar alcanzar la justicia han resultado en vano. España, pese a todos sus esfuerzos, no logró obtener el más mínimo respaldo del país donde reside el principal implicado en el caso. Como consecuencia, la investigación vuelve a cerrarse, no por falta de delito, sino por la imposibilidad de identificar a los responsables.
La situación parece absurda: los acuerdos internacionales firmados para combatir el crimen resultan inútiles si una de las partes simplemente ignora sus compromisos. La justicia española ha quedado como espectadora, sin herramientas para buscar la verdad. Mientras Israel sigue guardando silencio, las respuestas sobre el espionaje masivo contra el gobierno español continúan sin aparecer.












