
El sistema educativo de España atraviesa uno de los periodos más difíciles de las últimas décadas. Los últimos datos de estudios internacionales, como PISA, PIRLS y TIMSS, muestran que los estudiantes españoles registran algunos de los resultados más bajos en la historia del país. El problema es especialmente grave en lectura y matemáticas: una parte significativa del alumnado no logra superar tareas básicas, mientras que el número de estudiantes sobresalientes sigue siendo mínimo.
Padres, profesores y especialistas en pedagogía expresan una seria preocupación. Muchos señalan que los niños no solo tienen dificultades para asimilar el programa escolar, sino que también enfrentan problemas elementales — por ejemplo, algunos alumnos de 12 años no saben escribir correctamente su nombre. Cada vez más familias deciden cambiar a sus hijos de las llamadas escuelas innovadoras a centros educativos más tradicionales, con la esperanza de mejorar la calidad de la enseñanza.
Las autoridades de Cataluña han reconocido la existencia de problemas estructurales y ya han solicitado ayuda a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para analizar la situación y elaborar recomendaciones de mejora. En la región se prevé revisar los enfoques de enseñanza e implementar nuevos métodos que permitan elevar el nivel de conocimientos del alumnado.
Los docentes señalan que la actual reforma educativa, conocida como Lomloe, ha desplazado el enfoque de la adquisición de conocimientos hacia el desarrollo de competencias personales y habilidades sociales. Esto ha hecho que la evaluación sea más subjetiva y que se reduzcan las exigencias para los alumnos. Como consecuencia, muchos estudiantes no adquieren los conocimientos y habilidades necesarios para continuar su formación.
Otra de las problemáticas que destacan los expertos es la influencia de las tecnologías digitales. El uso constante de dispositivos y redes sociales afecta negativamente la concentración y la motivación para el estudio. Además, muchas familias no participan activamente en el proceso educativo, lo que agrava la situación.
La crisis también ha afectado a la educación superior. Profesores universitarios comentan que los estudiantes suelen mostrar indiferencia hacia los estudios y no aspiran a obtener buenos resultados. Esto está relacionado tanto con la insuficiente preparación escolar como con el cambio en la percepción social de la educación.
Los especialistas subrayan que en los últimos años también ha cambiado el perfil del docente. Cada vez más personas que acceden a la profesión están orientadas al apoyo psicológico más que a la transmisión de conocimientos. Según los expertos, esto también contribuye a la disminución del nivel educativo general.
En la comparación internacional, España se encuentra visiblemente por detrás de los países asiáticos, donde se hace hincapié en la disciplina y el esfuerzo. Allí se ha logrado un avance considerable gracias a unos requisitos estrictos y a un alto nivel de responsabilidad tanto de los estudiantes como de los padres.
En general, la situación en las escuelas españolas requiere medidas urgentes. Autoridades y expertos coinciden en que, sin una transformación integral en los enfoques de enseñanza y evaluación, será difícil revertir la tendencia negativa. En los próximos años, España planea implementar nuevos estándares educativos y recurrir con mayor frecuencia a la experiencia internacional para superar la crisis.












