
En España continúa una investigación de alto perfil que podría cambiar la percepción sobre la responsabilidad de los funcionarios ante las consecuencias de los desastres naturales. Una jueza de Catarroja, en la provincia de Valencia, ha imputado oficialmente al expresidente de la Generalitat, Carlos Mazón, por graves errores en la gestión de la crisis durante la devastadora inundación del 29 de octubre de 2024. Según la investigación, sus decisiones y su inacción fueron factores clave que condujeron a la muerte de 230 personas.
Según informa El País, la jueza Nuria Ruiz Tobarra remitió documentación al Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) solicitando inculpar a Mazón. En los documentos se detalla que el exdirigente regional, pese a las alertas sobre el inminente peligro, no modificó su agenda y pasó casi cuatro horas almorzando en el restaurante El Ventorro junto a la periodista Maribel Vilaplana. Durante ese tiempo se produjeron los episodios más críticos de la catástrofe, entre ellos la rotura de una presa y la inundación de varios municipios.
Errores y demoras
La jueza destaca que Mazón, contando con plenos poderes, mostró indiferencia ante la situación. En su opinión, su pasividad y la falta de decisiones urgentes hicieron que los servicios de emergencia emprendieran acciones demasiado tarde. El Centro de Coordinación de Emergencias (Cecopi) se activó solo a las 17:00, cuando ya se había producido la rotura en la zona de Chiva y Cheste, y la ola de inundación cubría las ciudades de Paiporta y Catarroja, donde murieron 55 y 25 personas respectivamente.
Según los documentos del caso, se señala que la mañana del día de la tragedia Mazón fue informado sobre los riesgos durante una reunión en la sede del Gobierno. A pesar de ello, fue a almorzar, haciendo caso omiso al empeoramiento de la situación en Utiel y Requena, así como a la amenaza procedente del río Poyo. El juez destaca que el presidente regional no solo no aceleró el trabajo de los servicios, sino que tampoco mantuvo contacto con los ministros responsables, alegando que el teléfono estaba en la mochila.
Reacción y consecuencias
Uno de los motivos que más indignación ha generado entre los investigadores es que Mazón no mostró interés por la evolución de la crisis ni siquiera después del almuerzo. No fue hasta las 17:37 cuando contactó por primera vez con la ministra de Justicia e Interior, Salomé Pradas, para informarse sobre la convocatoria del Cecopi. Además, según El País, su reacción frente a los informes sobre la magnitud del desastre, a mitad del día, fue totalmente inapropiada y puso de manifiesto una grave subestimación de la situación.
A medida que avanza la investigación, surgen nuevos detalles que ponen en entredicho la eficacia de las autoridades regionales. Por ejemplo, un agente del servicio 112 declaró previamente que la alerta masiva por la inundación llegó demasiado tarde, cuando ya era imposible salvar a la población. Este episodio fue analizado detalladamente en el reportaje sobre la alerta tardía ante la inundación en Valencia.
Contexto y nuevos interrogantes
El juez también destaca que en las grabaciones de RTVE se observa a Mazón en el edificio del gobierno a las 13:45 recibiendo información sobre los riesgos. Sin embargo, desde las 14:30, cuando fue al restaurante, hasta las 20:28, cuando apareció en Cecopi, sus acciones no estuvieron a la altura del nivel de amenaza. En el expediente se subraya que el presidente regional no solo no aceleró el trabajo de los servicios, sino que tampoco mantuvo contacto con los ministros responsables, alegando que tenía el teléfono en la mochila.
Según El País, el juez exige interrogar a Mazón y a otros funcionarios para aclarar por qué se retrasaron las medidas de emergencia. También hay dudas sobre cómo se tomaron las decisiones durante las horas críticas y por qué las advertencias de los meteorólogos no motivaron una actuación inmediata.
En los últimos años, España ha enfrentado varias inundaciones graves que han causado víctimas mortales y destrucción. En 2022, una tragedia similar sucedió en Murcia, donde más de 40 personas perdieron la vida por retrasos en la evacuación. Entonces también se debatió la responsabilidad de las autoridades locales y la eficacia del sistema de alertas. Tras estos hechos, el país endureció el control sobre la actuación de los cargos públicos en situaciones de emergencia, aunque los nuevos casos demuestran que los problemas persisten. La labor de los servicios y de los responsables vuelve a cuestionarse tras cada gran incidente, y la sociedad exige cada vez más transparencia y castigo por los errores.












