
El norte y el centro de España quedaron bajo el impacto de la potente tormenta de nieve Ingrid, que en tan solo un día transformó las rutas habituales en auténticas trampas peligrosas. Las nevadas comenzaron de forma repentina y, para la mañana siguiente, las principales autopistas estaban bloqueadas y el tráfico prácticamente paralizado. Los conductores que se encontraban en la carretera no pudieron seguir avanzando: cientos de camiones y turismos quedaron atrapados, mientras los servicios de mantenimiento no lograban despejar las acumulaciones de nieve a tiempo.
La situación fue especialmente complicada en la autovía A-52, que conecta con Galicia. Allí, en las zonas de Mombuey y Quintanilla de Urz, en la provincia de Zamora, más de cuatrocientos cuarenta camiones tuvieron que detenerse en los arcenes y áreas de descanso. Los conductores esperaban que la tormenta amainase y que los servicios de carretera pudieran restablecer el paso. Vecinos de la zona aseguran que no veían semejante cantidad de vehículos atascados desde hacía muchos años.
Trampa de nieve
En ciudades y pueblos de León, Ourense y Galicia, la nieve cubrió durante la noche las carreteras con una gruesa capa, y los servicios municipales no conseguían despejarlas. En Vega de Espinareda y Pedrafita do Cebreiro, los conductores se vieron obligados a abandonar sus vehículos y buscar refugio. En algunos tramos de la A-52, la circulación quedó completamente paralizada, y los conductores informaron de colas de varias horas y de la falta de comunicación por parte de las autoridades.
Las autoridades de Galicia han decidido suspender las clases en las escuelas de la mayoría de las zonas de la provincia de Lugo. La situación es especialmente complicada en las áreas montañosas y centrales, donde se ha decretado alerta naranja por nevadas. Muchos padres se han visto obligados a dejar a sus hijos en casa y los autobuses escolares no han podido salir de sus rutas habituales.
Amenaza marina
Mientras la nieve azota el interior, en la costa de Galicia y Cantábrico se ha desatado una auténtica tormenta. Olas gigantes, de hasta nueve metros, golpean faros y paseos marítimos. Las imágenes más impactantes llegan desde San Esteban de Bocamar, donde el mar cubre literalmente el faro y los vecinos temen por la seguridad de las infraestructuras portuarias.
Los servicios de emergencia y la policía se ven obligados a cerrar el acceso a las zonas costeras para evitar tragedias. Pescadores y propietarios de pequeñas embarcaciones han recibido alertas para no salir al mar. En algunos sectores se registran interrupciones en el suministro de alimentos y combustible porque los camiones no pueden llegar a sus destinos debido a los bloqueos provocados por la nieve.
Control y caos
La Guardia Civil ha reforzado los controles en las carreteras, especialmente para vehículos pesados. Se pide a los camioneros no circular salvo extrema necesidad y en varios tramos el tráfico está totalmente prohibido. Pese a los esfuerzos de los equipos de limpieza, el avance es lento: la nieve sigue cayendo y las temperaturas no superan los cero grados.
En las redes sociales circulan fotos y videos que muestran atascos kilométricos, coches abandonados y personas caminando por los arcenes en busca de refugio. Muchos señalan que las autoridades no estaban preparadas para un escenario así y que la información sobre el cierre de carreteras y la cancelación de clases llegaba con retraso.
Una prueba para las regiones
La situación en el norte y centro de España sigue siendo tensa. Las autoridades advierten que lo peor del temporal aún no ha pasado y piden a la población no salir de casa salvo por necesidad. En algunos municipios ya se siente la escasez de alimentos y medicamentos, y los servicios públicos trabajan al límite de su capacidad.
La tormenta Ingrid ha puesto a prueba la infraestructura y los servicios de emergencia. Muchos se preguntan por qué las alertas sobre el temporal inminente no fueron tomadas en serio y por qué la preparación frente a estas condiciones extremas fue insuficiente. Mientras tanto, los habitantes de las provincias del norte y centro esperan a que amaine el temporal, confiando en que las consecuencias no sean catastróficas.












