
Durante casi 11 meses, las grabaciones realizadas en el centro regional de emergencias de la Comunitat Valenciana permanecieron inaccesibles, pese a ser captadas el día en que una devastadora catástrofe azotó la provincia. En aquel episodio, a finales de octubre de 2024, la tragedia dejó 229 fallecidos. Solamente tras la intervención judicial estos materiales fueron divulgados, generando una oleada de interrogantes sobre la versión oficial de los hechos.
Las imágenes, habitualmente utilizadas para informes y promoción de políticos, adquirieron esta vez un significado completamente distinto. Las tomas matutinas y diurnas, encargadas por el departamento de emergencias, resultaron cruciales para la investigación penal. No solo contradicen las declaraciones previas del gobierno, sino que también ponen en duda la transparencia de las autoridades autonómicas.
El presidente autonómico, Carlos Mazón, insiste en que los vídeos confirman su versión: supuestamente, nadie alertó sobre la repentina crecida en el barranco del Poyo, y todos los municipios habían sido informados con antelación sobre una inundación parcial en la mañana. Según sus declaraciones, al mediodía el caudal prácticamente había desaparecido, y ni el servicio hidrológico ni los meteorólogos avisaron sobre la catástrofe vespertina. Sin embargo, la jueza que lleva la instrucción ya ha citado a Mazón en tres ocasiones para declarar en persona, y en las grabaciones de la televisión local y la productora se han hallado indicios de manipulación del audio, lo que podría apuntar a intentos de ocultar instrucciones de la entonces responsable del departamento, Salomé Pradas, actualmente imputada en la causa.
En el vídeo se ve a Pradas dirigiendo una reunión en Cecopi, mientras el subdirector del servicio de Emergencias, Jorge Suárez, advierte en directo sobre el riesgo de lluvias torrenciales y la necesidad de vigilar el nivel del agua en el río Magro y el barranco Poyo. En los registros y llamadas al 112 se recogieron mensajes de alarma sobre la situación desde primera hora de la mañana. Los bomberos forestales enviados para controlar la crecida abandonaron el lugar alrededor de las 14:40, pero aún no está claro quién ordenó su retirada.
Las autoridades regionales explican que actuaron con lentitud debido a un «vacío informativo» por parte de los hidrólogos y meteorólogos, especialmente en lo referente al barranco Poyo. Sin embargo, las grabaciones muestran que el peligro era conocido desde el principio del día. En marzo, los funcionarios negaron la existencia de grabaciones de Cecopi, aunque en realidad las imágenes fueron tomadas por contrato. En septiembre, representantes del departamento insistieron en que el centro ni protocolizaba ni grababa las reuniones, cuando en la práctica sí se hacía.
Finalmente, los hechos revelados y la ocultación de los vídeos durante casi un año han puesto en duda no solo la eficacia, sino también la honestidad del gobierno valenciano en el momento más trágico para la región.












