
Una poderosa tormenta que azotó la costa de Matalascañas, en la provincia de Huelva, arrasó literalmente kilómetro y medio del paseo marítimo. Las olas no perdonaron ni el asfalto ni los edificios situados al borde del mar. Ahora que el temporal ha remitido, no solo han quedado al descubierto las ruinas, sino también un fuerte conflicto entre las autoridades locales y centrales. La incógnita sobre si será posible restaurar la infraestructura antes del verano sigue sin respuesta, mientras miles de turistas y propietarios de negocios esperan expectantes.
El problema no afecta solo la imagen del destino turístico. Dos familias tuvieron que abandonar sus viviendas y otras cincuenta han sufrido daños. La administración local exige medidas urgentes para recuperar al turismo y salvar la temporada. Sin embargo, el Ministerio para la Transición Ecológica insiste en un enfoque integral y soluciones a largo plazo para proteger la costa de futuras catástrofes. Como resultado, en vez de un plan común, ambas partes se intercambian reproches y acusan de inacción.
El turismo, en vilo
Para Matalascañas, el verano es la época en la que la ciudad cobra vida y hasta 150.000 visitantes llegan a sus playas. Pero ahora la posibilidad de recibirlos en su tradicional paseo marítimo se ve cada vez más lejana. Restaurar el paseo y los accesos al mar en el tramo de kilómetro y medio llevará mucho más que unos pocos meses. El municipio reconoce que será imposible dejarlo perfecto para la temporada: a lo sumo, podrán acondicionar la zona para que resulte medianamente aceptable.
Las pérdidas económicas ya son palpables. Cuatro chiringuitos han desaparecido junto con la arena, y los propietarios de hoteles y apartamentos registran una caída brusca en las reservas. Las autoridades municipales estiman el daño total en 10 millones de euros y exigen que la zona sea declarada como área catastrófica para poder acceder a fondos adicionales. Sin embargo, mientras los funcionarios discuten, vecinos y empresarios salen a la calle con pancartas de «Matalascañas se hunde, SOS», exigiendo acciones inmediatas.
Promesas prolongadas
El Ministerio insiste en que el problema no se debe solo al temporal, sino también a los cambios climáticos globales que hacen la costa más vulnerable. El organismo propone revisar todo el concepto de protección litoral e incluso plantea trasladar el paseo marítimo más hacia tierra adentro. Pero esto requeriría no solo tiempo, sino también el consentimiento del ayuntamiento para la cesión de terrenos. Además, se llegó a debatir la idea de expropiar a gran escala casas y chalets de primera línea, lo que desató una oleada de indignación entre los vecinos. No obstante, estas propuestas empiezan a descartarse al comprender su inviabilidad y el enorme coste —hasta 600 millones de euros.
El alcalde Francisco Bella no oculta su frustración: según él, el ministerio lleva años demorando las decisiones y las obras reales para reforzar la playa comenzaron solo una semana antes de la tormenta devastadora. Como resultado, cuando el mar volvió a embravecerse, la maquinaria tuvo que detenerse y las labores de restauración apenas se reanudaron recientemente. Bella también responsabiliza a los antiguos espigones en la desembocadura del río y en Mazagón, que, en su opinión, han bloqueado el aporte natural de arena y agravado la erosión de la playa.
La gente al límite
Mientras los funcionarios discuten, los vecinos y empresarios solo pueden observar cómo las excavadoras trasladan la arena de un lugar a otro, mientras en algunas zonas la tierra literalmente queda suspendida en el aire. Especialmente afectados resultaron los barrios Pueblo Andaluz y el edificio Alcotán, donde para garantizar la seguridad fue necesario recurrir a la Unidad Militar de Emergencias. La población teme que el próximo temporal, que los meteorólogos anuncian ya para la semana próxima, termine de derribar las viviendas que aún quedan en pie.
En este contexto, el miedo y la frustración crecen a diario. Muchos se preguntan por qué, tras seis años de estudios y recomendaciones para reforzar la playa, todavía no se han puesto en marcha las medidas necesarias. No hay respuesta. Y el mar, parece, solo cobra más fuerza, sin intención de ceder un solo metro de tierra.
Sin compromiso
El Ministerio sigue insistiendo en la necesidad de proyectos a largo plazo que permitan hacer la costa más resistente ante los embates de la naturaleza. Por su parte, el ayuntamiento exige medidas rápidas y concretas para salvar al menos parte de la temporada y evitar un colapso económico. Sin embargo, en lugar de trabajar conjuntamente, ambas partes se ven cada vez más envueltas en disputas burocráticas y en una búsqueda de culpables.
Mientras tanto, las excavadoras siguen operando en la playa y tanto residentes como turistas miran el horizonte con preocupación, a la espera de nuevas tormentas. El futuro de Matalascañas sigue en el aire y la esperanza de una rápida recuperación se desvanece con cada día que pasa. Un litoral que antes era considerado uno de los más atractivos de Andalucía, hoy se encuentra atrapado no solo por catástrofes naturales, sino también por prolongadas diferencias políticas.











