
En Barcelona ha vuelto a estallar el debate sobre el futuro de los apartamentos turísticos. Representantes del sector hotelero se han manifestado en contra de los planes del Ayuntamiento de prohibir por completo el alquiler de pisos turísticos para 2028. Según ellos, estas medidas pueden provocar una escasez de alojamiento para los visitantes de la ciudad, ya que la oferta hotelera actual ya resulta insuficiente para el volumen de turistas.
Los hoteleros ponen especial énfasis en los edificios donde todas las viviendas se destinan exclusivamente al alquiler de corta duración. En la ciudad hay 46 edificios de este tipo, con más de 700 apartamentos. Según los representantes del sector, estos inmuebles deberían quedar fuera de la prohibición. Consideran que no afectan al mercado de alquiler residencial a largo plazo ni agravan la crisis de vivienda.
Por su parte, las autoridades municipales mantienen una postura diferente. Según sus cálculos, solo el 15 % de todos los pisos turísticos se concentran en edificios exclusivos, la mayoría en el distrito del Eixample. La gran mayoría de los apartamentos están repartidos por toda la ciudad, lo que, en opinión del consistorio, perjudica la accesibilidad de la vivienda para los residentes locales. El Ayuntamiento sostiene que devolver 10.000 pisos al mercado de alquiler a largo plazo ayudaría a paliar parcialmente el problema de la falta de vivienda.
La economía turística y los nuevos impuestos
El turismo sigue siendo un sector clave para Barcelona: el año pasado, la ciudad recibió a más de 15 millones de visitantes. El sector aporta una parte significativa de los ingresos y genera numerosos empleos. Sin embargo, el creciente malestar de los vecinos ante la saturación turística obliga a las autoridades a buscar un equilibrio entre los intereses empresariales y los de la ciudadanía.
Una de las herramientas para regular la situación será el aumento de las tasas turísticas. A partir de 2028, el impuesto por alojamiento en apartamentos y hoteles se duplicará, y una tasa adicional dependerá de la categoría del alojamiento. Como resultado, el coste por noche para los turistas podría ascender hasta 15 euros. El sector hotelero teme que estas medidas reduzcan el atractivo de la ciudad para organizar grandes eventos y encuentros empresariales.
El futuro del turismo y las infraestructuras
Durante el debate también se abordó la necesidad de ampliar el aeropuerto de El Prat para hacer frente al creciente flujo de visitantes. Tanto representantes empresariales como autoridades coincidieron en que desarrollar las infraestructuras y distribuir de forma eficiente los flujos turísticos por la ciudad contribuirá a aliviar la presión sobre las zonas céntricas y mejorar la experiencia de los visitantes.
En definitiva, el futuro de los apartamentos turísticos en Barcelona sigue siendo objeto de un intenso debate. Se avecinan negociaciones complejas entre el ayuntamiento, el sector empresarial y los residentes, de cuyo resultado dependerá cómo será el mercado turístico de la ciudad en los próximos años.












