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Los partidos españoles disputan influencia en Latinoamérica en medio de la crisis de Venezuela

La inesperada conexión política entre Madrid y Caracas que todos comentan

La política española trasciende las fronteras europeas. En Latinoamérica se intensifica una nueva competencia por votos e influencia. La crisis en Venezuela redefine las estrategias de los partidos y el destino de millones.

En los últimos meses, la política española ha desplazado inesperadamente su foco mucho más allá de la península ibérica. América Latina, donde las pasiones políticas arden tan intensamente como en Madrid, se ha convertido en escenario de nuevas alianzas, conflictos y luchas por el liderazgo. La crisis en Venezuela, que ha sacudido toda la región, ha sido el detonante para que los partidos españoles —tanto de izquierda como de derecha— intensifiquen su actividad. Ahora, la pugna por el poder en España está estrechamente vinculada con los acontecimientos en Caracas, Buenos Aires y São Paulo.

Todo esto ocurre en un contexto de creciente relevancia del electorado latinoamericano dentro de España. Cada año, aumenta el número de ciudadanos procedentes de Latinoamérica que obtienen la nacionalidad española y el derecho al voto, obligando a los partidos a revisar sus estrategias y buscar nuevos aliados al otro lado del Atlántico. Como resultado, el mapa político de España se vuelve cada vez más complejo e impredecible.

El ala derecha

En la derecha política española se libra una auténtica batalla por la influencia en América Latina. El Partido Popular (Partido Popular, PP) y la ultraderecha de Vox compiten entre sí por liderar esta ofensiva, utilizando la crisis venezolana como argumento para fortalecer sus posiciones. Si antes el PP era considerado el principal referente para las fuerzas conservadoras moderadas de la región, ahora Vox trabaja activamente en ampliar su red de contactos, apoyándose en los éxitos de líderes populistas como Javier Milei en Argentina y José Antonio Kast en Chile.

El PP, enfrentando una situación complicada, intenta mantener las formas y distanciarse de aliados considerados demasiado radicales. Tras las victorias de Milei y Kast, el partido mostró una alegría contenida, pero evitó apoyarlos abiertamente para no asociarse con la ultraderecha. Vox, por el contrario, no esconde su entusiasmo por los nuevos líderes y aprovecha sus éxitos para fortalecer su propia imagen.

Dentro del PP, figuras como Isabel Díaz Ayuso y el ex presidente José María Aznar lideran el área latinoamericana. No solo mantienen contactos con exmandatarios de la región, sino que también intentan atraer a la oposición, como María Corina Machado de Venezuela. Sin embargo, Vox, gracias a su flexibilidad y capacidad de reacción ante los cambios, suele ir un paso por delante.

Alianza de izquierdas

En la izquierda la tensión no es menor. El gobierno de Pedro Sánchez refuerza sus lazos con líderes progresistas de América Latina —Lula da Silva en Brasil, Claudia Sheinbaum en México, Gustavo Petro en Colombia y Gabriel Boric en Chile—. Estos contactos cobran especial relevancia ante la posible vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca y el avance de la derecha a nivel global.

La colaboración entre gobiernos de izquierda va más allá de los encuentros formales. El PSOE firma acuerdos con los partidos de Lula y Sheinbaum, mostrando disposición para una amplia coalición, incluso cuando los socios no pertenecen a la misma familia política. La capacidad de reacción rápida ante las crisis también es clave: cuando en Venezuela estalló una nueva tormenta política, seis gobiernos latinoamericanos junto con España emitieron una declaración contundente, anticipándose incluso a la Unión Europea.

Dentro de España, partidos de izquierda como IU y Podemos tradicionalmente mantienen una retórica antiimperialista y aprovechan los acontecimientos en América Latina para reforzar su propia identidad. Para ellos, lo que ocurre en Caracas no es sólo política exterior, sino una parte de la lucha interna por ganar el apoyo de los votantes.

El factor electoral

Todo esto sería únicamente un juego en el escenario internacional si no fuera por un matiz importante: los latinoamericanos son cada vez más visibles en el electorado español. Según la ley, los ciudadanos de países iberoamericanos pueden obtener la nacionalidad tras solo dos años de residencia, una diferencia considerable respecto a otros migrantes. En 2024, de los 250.000 nuevos españoles, más de 160.000 procedían de América Latina, y más de 35.000 de ellos eran venezolanos.

En las grandes ciudades, especialmente en Madrid, las comunidades latinoamericanas ya conforman nichos electorales específicos. Por ejemplo, en la capital residen más de 184 mil venezolanos, y precisamente en ellos centra sus esfuerzos Ayuso, presentando Madrid como el epicentro europeo de la lucha contra el régimen de Chávez. Además, la mayoría de los migrantes irregulares en España también provienen de América Latina y muchos de ellos, en el futuro, obtendrán derecho al voto.

Un papel clave lo tiene también la llamada Ley de Memoria Democrática, que permite a los descendientes de exiliados republicanos adquirir la ciudadanía española. Según datos oficiales, solo en el primer trimestre de 2025, más del 80% de las solicitudes de ciudadanía por esta vía provinieron de Argentina, Cuba, Brasil, México, Chile y Venezuela. Ya se han aprobado casi medio millón de nuevos ciudadanos.

Perspectivas y retos

Todo esto cambia las reglas del juego para los partidos españoles. Ahora deben tener en cuenta no solo factores internos, sino también externos, además de competir por los votos de nuevos ciudadanos que llegan con sus propias ideas y expectativas políticas. Como resultado, el PP y Vox se ven obligados a suavizar su discurso respecto a los migrantes latinoamericanos para no perder votantes potenciales. La izquierda, por su parte, apuesta por la cercanía cultural e histórica y por proyectos conjuntos con los gobiernos progresistas de la región.

La situación sigue siendo sumamente dinámica. En los próximos meses se celebrarán elecciones en América Latina que podrían alterar el equilibrio de poder tanto en la región como en la propia España. La cuestión de quién sabrá aprovechar mejor las nuevas oportunidades y mantener su influencia sigue abierta. Pero una cosa está clara: la política española ya no será la de antes y el factor latinoamericano se está volviendo clave para el futuro del país.

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