
El viernes, los diputados de la Asamblea de Madrid aprobaron el presupuesto autonómico para 2026. El monto total asciende a 30.663 millones de euros, un 6,98% más que el año anterior. El documento incorpora 25 enmiendas, la mayoría propuestas por partidos de la oposición. Sin embargo, la oposición considera que los cambios son insuficientes, ya que se presentaron más de 3.600 enmiendas en total. Los representantes opositores aseguran que las autoridades vuelven a priorizar los intereses privados por encima de las necesidades de los habitantes de la región.
La Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública señala que, entre todas las autonomías que ya han aprobado sus presupuestos para 2026, Madrid muestra por sexto año consecutivo el menor incremento en el gasto sanitario per cápita. En 2026, la cifra será de 1.537,28 euros por persona, apenas 55 euros más que en 2025. Por comparación, la media nacional se sitúa en 2.013 euros por habitante. Según el presidente de la federación, Sergio Fernández, la financiación crónicamente insuficiente provocará un aumento en las listas de espera y un deterioro en el acceso a la atención médica, especialmente en la atención primaria.
Desbalance en la financiación
Expertos subrayan que, incluso con el nuevo presupuesto, Madrid gasta menos en sanidad que en 2023, cuando el gasto se situó en torno a 1.800 euros por persona. La brecha entre la región líder —Asturias— y Madrid supera los 995 euros por habitante. Según Fernández, las consecuencias de años de recortes y privatizaciones afectan a todos los residentes de la capital. Estima que, para cubrir las necesidades reales de la sanidad madrileña, faltan al menos 4.000 millones de euros.
Al mismo tiempo, el gasto en contratos médicos privados alcanzó un récord de 1.486 millones de euros, un 6% más que el año anterior. Representantes del sindicato Comisiones Obreras consideran que este enfoque solo refuerza la dependencia del sistema respecto al sector privado y agrava la desigualdad social.
Críticas de la oposición
La líder de Más Madrid, Manuela Bergerot, declaró que el partido en el poder volvió a aprobar un presupuesto de austeridad. Según ella, la región pierde instrumentos para una fiscalidad eficaz y los servicios públicos siguen sufriendo una falta crónica de recursos. Acusó a la presidenta autonómica, Isabel Díaz Ayuso, de renunciar conscientemente a ingresos multimillonarios en favor de beneficios fiscales para los ciudadanos más acomodados.
Bergerot está convencida de que, si las autoridades no hubieran reducido los impuestos a los más ricos, se podría garantizar la alimentación gratuita en las escuelas hasta los 16 años, una financiación adecuada para las universidades y la recuperación del sistema sanitario. Sin embargo, según ella, los fondos públicos se destinan a apoyar a grandes grupos médicos privados, a organizar eventos turísticos y a becas para familias de altos ingresos. Exige una revisión radical de la política presupuestaria y fiscal para asegurar un nivel digno de servicios públicos para todos los habitantes de la región.
Educación y ámbito social
Los sindicatos señalan que el nuevo presupuesto asigna 6.675 millones de euros en exenciones y deducciones fiscales, lo que, a su juicio, beneficia principalmente a los sectores acomodados y limita la capacidad de financiar programas sociales. En el ámbito educativo, el gasto se acerca a los 7.000 millones de euros, pero los sindicatos subrayan que el aumento de la financiación se dirige sobre todo a colegios privados y concertados. Actualmente, estos centros representan ya el 20% de todo el gasto educativo, el doble que hace veinte años.
Al mismo tiempo, la red de escuelas públicas apenas se expande y la financiación para la educación especial incluso se reduce, a pesar de las promesas previas de las autoridades. Las universidades recibirán 75 millones de euros más que el año pasado, pero representantes del sector educativo consideran que esta cantidad es insuficiente. En noviembre del año pasado, profesores y estudiantes ya se manifestaron en huelgas exigiendo un aumento de la financiación y el fin del “ahogo financiero” a las universidades, que se mantiene desde 2008.
Consecuencias para la sociedad
Según los sindicatos, el presupuesto aprobado no solo debilita el sistema de servicios públicos, sino que también incrementa la desigualdad social. El fortalecimiento del sector privado en la sanidad, la educación y el ámbito social, señalan, conduce a una mayor brecha económica, territorial y de género. La estructura de la recaudación fiscal sigue favoreciendo a los ciudadanos con mayor poder adquisitivo y limita las posibilidades de inversión en proyectos sociales.












