
Las autoridades de la Comunidad de Madrid han decidido no crear un registro de profesionales sanitarios que, por motivos personales, se niegan a practicar abortos. Esta medida contradice la exigencia del Gobierno central, que había reclamado la elaboración de dicha base de datos en el plazo de un mes. Ahora, la cuestión sobre la necesidad de crear el registro se resolverá por vía judicial.
El plazo fijado por el Ministerio de Sanidad de España para Madrid, Aragón y Baleares ya ha expirado. Sin embargo, la administración autonómica presidida por Isabel Díaz Ayuso rechazó acatar la orden, declarando que no elaborará listas de médicos que no quieran participar en la interrupción voluntaria del embarazo. Según las autoridades madrileñas, estas medidas no solo son ineficaces, sino que también pueden estigmatizar tanto a los profesionales como a las mujeres que deciden abortar.
Por su parte, el Gobierno central subraya que el registro es necesario para garantizar el derecho de acceso de las mujeres a este servicio médico, tal como establece la ley. La base de datos no recoge el motivo de la objeción del médico y el acceso a la información es estrictamente limitado. Aun así, desde Madrid consideran que esta iniciativa vulnera los derechos de los profesionales sanitarios y podría emplearse para ejercer presión sobre ellos.
La situación ha generado un intenso debate tanto en la sociedad como entre los políticos. Los partidos de la oposición en Madrid, como los socialistas y miembros de Más Madrid, insisten en la necesidad de cumplir la ley y crear el registro. Sin embargo, las autoridades regionales se mantienen firmes y subrayan que no permitirán la elaboración de ningún listado, incluso si lo exigen las últimas reformas legislativas.
Históricamente, el tema del aborto en España siempre ha sido objeto de agrios debates. Hasta 1985, el procedimiento estaba completamente prohibido y muchas mujeres se veían obligadas a viajar al extranjero, principalmente al Reino Unido, para acceder a este servicio médico. No fue hasta mediados de los años ochenta cuando el aborto se legalizó bajo ciertas condiciones, y un cuarto de siglo después se permitió libremente hasta la semana 14 de gestación sin necesidad de justificar motivos.
Ahora, pese a la liberalización de la ley, el asunto sigue provocando divisiones entre distintas administraciones. La decisión de las autoridades madrileñas de no acatar la orden del Gobierno central podría sentar un precedente para otras regiones y desembocar en nuevos litigios. En las próximas semanas, el futuro del registro dependerá de la postura de los tribunales, que deberán determinar si deben prevalecer los derechos de los pacientes o los del personal sanitario.
La cuestión sigue abierta y la situación continúa desarrollándose. Se espera que en las próximas semanas los tribunales emitan un fallo que podría marcar la pauta en todo el país.












