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Málaga atrapada en atascos por qué la ciudad no puede superar el colapso del tráfico

¿Logrará Málaga salir del caos vial que la paraliza

Málaga enfrenta a diario una crisis de tráfico El crecimiento poblacional y la falta de infraestructuras agravan el problema Miles de personas pierden horas en atascos ¿hay solución

Cada mañana, los habitantes de Málaga empiezan el día consultando, con preocupación, el mapa de atascos. Las rutas se tiñen de naranja y rojo, y el trayecto habitual al trabajo se convierte en una lotería: hoy el retraso se debe a un accidente, mañana a la lluvia y pasado simplemente al exceso de vehículos. Para muchos, un viaje que antes tomaba veinte minutos ahora requiere una hora y mucha paciencia. Y no es una exageración: así viven miles de personas que cada día se desplazan entre los suburbios y el centro de la ciudad.

Las causas de la crisis de tráfico son evidentes. En los últimos años, la población de Málaga y sus alrededores ha crecido rápidamente, mientras que las nuevas carreteras y el transporte público siguen siendo solo proyectos. Según las estadísticas, el 85 % de los desplazamientos entre municipios de la provincia se realizan en coche particular. La razón es clara: apenas hay alternativas y las infraestructuras antiguas ya no soportan la demanda.

Crecimiento sin equilibrio

A principios de los 2000, Málaga vivió un auge de la construcción. Se construyeron nuevas circunvalaciones, se ampliaron carreteras y se inauguró una autopista de peaje, lo que alivió la situación temporalmente. Pero desde entonces la ciudad ha cambiado hasta ser irreconocible, mientras la red de transporte se ha quedado atrás. En los últimos cinco años, la población de Málaga creció casi un 3,5 %, rozando ya los 600.000 habitantes. En los suburbios el ritmo es aún mayor: en algunos municipios, el número de residentes aumentó entre un 10 y un 17 % en apenas unos años.

Al mismo tiempo, la vivienda en la propia Málaga se ha vuelto inaccesible para muchos. Los precios de los pisos se han disparado y los apartamentos turísticos han empujado a los residentes locales hacia las afueras. La gente se ve obligada a mudarse más lejos del trabajo, pero los empleos siguen concentrados en la ciudad. Como resultado, cada día miles de coches se dirigen al centro, generando enormes atascos en los accesos y salidas.

Fracaso en la planificación urbana

El desarrollo urbano en la Costa del Sol recuerda a una colcha de retazos: los complejos residenciales están dispersos y casi no hay conexiones entre ellos; la única vía es una autopista saturada. Apenas existe coordinación entre los municipios y cada vez quedan menos terrenos disponibles para nuevas carreteras. En consecuencia, incluso un pequeño accidente o la lluvia pueden paralizar el tráfico durante horas.

Las autoridades locales y los habitantes están cansados de esperar cambios. Los municipios gobernados por un mismo partido llevan años culpando al gobierno central de inacción y exigen la ampliación de carreteras, la eliminación de peajes y la puesta en marcha de un tren litoral. Protestas, recogidas de firmas, declaraciones contundentes: todo esto ya forma parte del día a día. Sin embargo, por ahora los cambios reales solo existen sobre el papel.

Transporte público: ¿mito o realidad?

El transporte público en Málaga merece un análisis aparte. Las líneas de autobús que conectan la ciudad con los suburbios se pueden contar con los dedos de una mano, y los aparcamientos disuasorios prometidos siguen sin construirse. El plan de movilidad sostenible, aprobado ya en 2021, aún no se ha implementado: ninguna de las diez áreas de estacionamiento previstas en los accesos a la ciudad ha visto la luz. Mientras tanto, cada año los residentes pierden una media de 45 horas de su vida atascados en el tráfico.

Expertos en transporte y urbanismo insisten: sin avanzar en el desarrollo del transporte público y sin vivienda asequible dentro de la ciudad, la situación solo empeorará. Por ahora, las autoridades discuten sobre de quién es la culpa en vez de buscar soluciones conjuntas. Como resultado, Málaga corre el riesgo de quedar atrapada para siempre en sus propios atascos.

Política y promesas

En los últimos meses, la lucha política en torno al problema del transporte se ha intensificado. Los representantes de las autoridades locales acusan al Gobierno central de boicotear los proyectos, mientras que este les recuerda las iniciativas propias para ampliar las carreteras y construir nuevas líneas de tren. Pero mientras los políticos se lanzan declaraciones, los ciudadanos siguen perdiendo tiempo y dinero en atascos interminables.

La pregunta que preocupa a todos es: ¿tiene Málaga alguna posibilidad de salir de este laberinto de tráfico? Por ahora, la respuesta no es alentadora. Sin inversiones reales en infraestructuras y una revisión de la política urbanística, la ciudad corre el riesgo de quedar atrapada por sus propios errores. Y parece que las soluciones rápidas aún están lejos.

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