
En Málaga acaba de concluir un gran festival Comic-Con que reunió a un récord de 125.000 participantes y generó para la ciudad un notable impacto económico, estimado en unos 50 millones de euros. Sin embargo, este éxito también evidenció serias dificultades: las colas para entrar se prolongaron durante horas y el centro de exposiciones resultó insuficiente para tal afluencia de público. El alcalde ya ha reconocido que, sin una ampliación urgente del palacio de congresos, Málaga corre el riesgo de perder nuevas oportunidades.
En los últimos años, Málaga se ha consolidado como uno de los destinos líderes en flujo turístico entre las ciudades españolas. En 2024, la ocupación media hotelera alcanzó el 83%, cifra considerablemente superior a la media nacional. El año pasado, la ciudad recibió 1,5 millones de visitantes, la mayoría extranjeros. Desde 2010, el flujo turístico casi se ha duplicado y esta tendencia no muestra signos de desaceleración.
Actualmente, Málaga ocupa el séptimo lugar en número de turistas entre las ciudades de España y el cuarto en volumen de alquileres de corta duración. En estos indicadores ya ha superado a grandes ciudades como Valencia y Sevilla. En la ciudad funcionan más de 140 hoteles y casi 7.500 alojamientos de alquiler temporal, lo que proporciona más de 45.000 plazas para pernoctar. Pero incluso esto resultó insuficiente para grandes eventos: durante el Comic-Con los hoteles estuvieron casi completos y algunos visitantes debieron alojarse en ciudades cercanas.
Los expertos señalan que Málaga aún no ha desarrollado una estrategia propia de turismo y suele imitar los formatos exitosos de otras ciudades. El Ayuntamiento apuesta por atraer a un turista “de calidad”, no necesariamente el más adinerado, pero sí leal y con interés por la cultura. Sin embargo, muchos creen que Málaga debe definir sus prioridades y dejar de querer abarcarlo todo al mismo tiempo.
También genera debate el impacto del turismo en la vida de los residentes. El aumento de los alquileres de corta duración y la actividad hotelera ha disparado los precios de la vivienda, y los vecinos se quejan cada vez más de ser desplazados del centro. Los representantes del sector del alquiler aseguran que el auge turístico permitió rehabilitar edificios abandonados y devolver vida a la ciudad, aunque reconocen que la infraestructura no alcanza a cubrir la demanda y que la burocracia obstaculiza el desarrollo del mercado inmobiliario.
Como resultado, Málaga se encuentra en una encrucijada. Por un lado, el éxito turístico genera ingresos y empleo para la ciudad. Por otro, crecen las quejas por la saturación, la falta de hoteles y los desequilibrios sociales. Los expertos instan a las autoridades a emprender reformas estructurales y buscar el equilibrio entre los intereses del sector, los residentes y los visitantes. La ciudad apenas comienza a plantearse cómo quiere ser en el futuro y si será capaz de mantener su éxito sin perder su identidad.












