
En pleno centro de Madrid, en la Glorieta de Bilbao, se alza un quiosco de prensa redondo que todos los vecinos reconocen desde hace años. Su dueño, representante de la tercera generación de la familia, ha dedicado casi toda su vida a este negocio. Pero ahora, como cientos de otros quiosqueros, no está seguro de poder seguir trabajando después de 2029. Ese año vencen las licencias municipales de más de doscientos quioscos de la capital.
En los últimos años, los propietarios de los quioscos se enfrentan a una fuerte caída de la demanda de prensa escrita. Hay varias razones: el avance de Internet, la crisis económica de 2008 y las secuelas de la pandemia. Las ventas de periódicos y revistas se han reducido casi diez veces respecto a décadas anteriores. Los jóvenes no tienen prisa por continuar con el negocio familiar, y quienes están cerca de la jubilación no encuentran compradores interesados, ya que dentro de unos años puede que el negocio desaparezca por completo.
Los quioscos buscan nuevas fórmulas para sobrevivir
Para evitar el cierre, muchos quioscos amplían su oferta. Ahora, además de prensa, aquí se pueden encontrar películas en DVD, discos de vinilo, juguetes de colección e incluso accesorios. Algunos propietarios señalan que la venta de películas se ha convertido en su principal fuente de ingresos, ya que los videoclubes y grandes cadenas casi han desaparecido. Los quioscos se transforman en pequeños centros de encuentro: la gente viene por consejos, a cambiar dinero o simplemente a charlar. Para muchos vecinos, forman parte de la vida cotidiana.
Sin embargo, no todos están dispuestos a cambiar el formato al que están acostumbrados. Hay quienes siguen apostando únicamente por los periódicos y revistas, convencidos de que la prensa en papel es la base de su negocio. Pero incluso ellos reconocen: tras la pandemia, la situación no se ha recuperado. La gente sale menos de casa, muchos trabajan a distancia y el flujo de clientes ha disminuido notablemente.
El futuro de los quioscos está en entredicho
Casi no quedan jóvenes emprendedores en este sector. Quienes se atreven a continuar el negocio familiar intentan introducir nuevos servicios, como puntos de recogida y devolución de paquetes. Sin embargo, estos servicios apenas generan ingresos y aumentan la carga de trabajo. Aun así, para algunos propietarios es importante no solo ganar dinero, sino también mantener un ambiente acogedor y de confianza en el barrio. Los quioscos siguen siendo lugares donde los mayores pueden charlar tranquilamente y los niños comprar juguetes de colección.
A los quiosqueros les esperan años de incertidumbre. Nadie sabe si las autoridades municipales renovarán las licencias ni en qué condiciones. Muchos temen que, después de 2029, los antiguos puntos de venta de prensa desaparezcan de las calles de Madrid. Para la ciudad, esto supondría la pérdida no solo de parte del pequeño comercio, sino también de un elemento importante de la vida urbana.











