
En pleno corazón del barrio madrileño de La Latina, en la calle Cava Baja, existe desde hace medio siglo un lugar al que acuden no solo vecinos, sino también monarcas, políticos, artistas y amantes de la auténtica gastronomía española. Su nombre se ha vuelto emblemático: Casa Lucio. Y su fundador, Lucio Blázquez, se ha convertido en una leyenda viva de la ciudad a lo largo de sus 92 años de vida.
A Lucio no le gusta que lo llamen restaurador. Para él es más importante ser el sencillo dueño de una taberna donde cada cliente se sienta como en casa. El menú apenas ha cambiado durante décadas: hay platos especiales según el día de la semana, que los habituales conocen de memoria. Por ejemplo, los miércoles se sirve cocido madrileño, los lunes lentejas con codorniz y los martes un contundente guiso de alubias. Pero, sin importar el día, en las mesas nunca faltan los célebres huevos estrellados sobre patatas, una receta creada por la abuela de Lucio en tiempos difíciles.
Entre los clientes de Casa Lucio figuran presidentes, reyes, estrellas del cine y de la música. Las paredes del restaurante guardan infinidad de historias que su propietario prefiere no revelar. A veces, sin embargo, son las propias celebridades quienes cuentan sus recuerdos de la visita. En los años 70, aquí se reunían los padres de la Constitución española, y tras la muerte de Franco en estos espacios se debatieron cuestiones clave para el país. En una misma mesa podían encontrarse antiguos jefes de gobierno, el monarca y madrileños de toda la vida — todos unidos por el amor a una comida sencilla, pero impecable.
Actualmente, Lucio ya no recorre el salón con su chaqueta blanca como antes, pero cada día llega al mediodía, se sienta junto a la entrada y saluda a los clientes. A veces cuenta chistes, por los que era conocido entre los habituales. Su hija Maricarmen contribuye a mantener el ambiente familiar y la calidad por la que muchos regresan una y otra vez.
Casa Lucio no es solo un restaurante, sino parte de la historia de la ciudad. Incluso vienen personas desde México para probar los famosos huevos y sentir el espíritu del viejo Madrid. Aunque a Lucio le ofrecieron abrir sucursales en Nueva York o en México, siempre fue fiel a su barrio. Entre sus amigos hubo presidentes mexicanos y el legendario actor Cantinflas, pero para Lucio lo más importante era estar cerca de sus vecinos y amigos de La Latina.
La vida de Lucio estuvo marcada por momentos conmovedores. En una ocasión, tras la muerte del ex primer ministro Calvo Sotelo, Lucio decidió despedirse de su amigo a pesar de no haber sido invitado a la ceremonia oficial. Lo reconocieron en la entrada de la catedral y lo dejaron pasar sin preguntas, invitándolo luego junto a la familia del difunto. Ese respeto lo ganó gracias a su trato hacia las personas: para él, cada cliente es importante, sin importar su estatus.
En 2015, Casa Lucio fue escenario de otro episodio histórico: en una misma mesa se reunieron el rey Juan Carlos y todos los expresidentes vivos de España. Este acontecimiento fue toda una sensación para quienes estuvieron esa noche en el restaurante.
El camino de Lucio no fue fácil. Nació en una familia humilde en el pueblo de Serranillos, en la provincia de Ávila. A los 12 años se mudó a Madrid y empezó a trabajar en otro establecimiento, donde pasó de ser limpiador a convertirse en propietario. Con el tiempo, aquel lugar se transformó en Casa Lucio. Junto a su esposa, Carmen García, con quien compartió casi 60 años de vida, creó no solo un restaurante, sino un verdadero hogar para todos los que valoran la sinceridad, el esfuerzo y la tradición. Tras el fallecimiento de su esposa en 2020, Lucio sigue acudiendo a su restaurante, donde siempre lo esperan y lo recuerdan.












