
El pequeño municipio catalán de La Sénia, con poco más de cinco mil habitantes, recibió el año nuevo con un acontecimiento inesperado y sonado. Cientos de jóvenes procedentes de distintos países europeos se reunieron aquí para participar en una macrofiesta ilegal que comenzó en la madrugada del 1 de enero y que, según temen las autoridades locales, podría prolongarse hasta el Día de Reyes. Vecinos y administración municipal se vieron envueltos en unos hechos que alteraron por completo la rutina habitual de la localidad.
Todo empezó cuando en el polígono industrial de Mataltes, donde en su día se proyectó una planta de biomasa que nunca llegó a construirse, comenzaron a aparecer furgonetas, caravanas y coches con matrículas extranjeras. Nadie prestó atención al inusual movimiento en el último día de diciembre: en el supermercado local Spar, los empleados no detectaron nada fuera de lo normal, aunque decenas de jóvenes desconocidos entraron al establecimiento comprando alimentos y alcohol.
La irrupción de los visitantes
Ya en la mañana del 1 de enero quedó claro lo que ocurría: en dos naves industriales sin terminar se había montado un auténtico rave. La música no se detuvo en ningún momento, mientras la afluencia de personas entrando y saliendo era supervisada por la policía catalana. Todo aquel que se marchaba en vehículo era sometido a controles de documentación, así como pruebas de alcoholemia y drogas. Quienes optaban por marcharse a pie por los campos podían desaparecer tranquilamente por los alrededores o incluso volver a su país de origen.
La alcaldesa de la ciudad, Victòria Almuni, reconoce: La Sénia nunca había visto tal afluencia de visitantes. En el aparcamiento podían verse coches de Alemania, Francia, Italia y otros países. Los organizadores eligieron el lugar por una razón: los hangares están en plena zona industrial, no se ven desde la carretera, y la ausencia de puertas y ventanas facilitó el acceso. En uno de los edificios se había planeado una fábrica, pero la crisis de 2008 paralizó el proyecto y ahora el edificio se ha convertido en el refugio perfecto para una fiesta ilegal.
Reacción de los vecinos
Los habitantes de La Sénia están divididos en sus opiniones. Algunos consideran que lo que sucede es una catástrofe para un pueblo tranquilo: ruido, basura, campos dañados y preocupación por la seguridad. Especialmente sufren los agricultores, ya que ahora es temporada de recogida de aceitunas y los coches de los visitantes destruyen los cultivos. La alcaldesa insta a los agricultores a documentar los daños y presentar quejas para llamar la atención sobre el problema.
Otros, en cambio, afirman que los participantes del rave no causan daños graves ni entran en conflicto con los vecinos. Sin embargo, el ambiente general en el pueblo es de inquietud. Los propietarios de otros almacenes temen por sus bienes y los residentes se quejan del ruido constante y la sensación de vivir en una fortaleza asediada.
La policía en alerta
En los últimos días, La Sènia ha registrado una presencia policial sin precedentes. Normalmente, la ciudad es atendida por la comisaría de Amposta, situada a media hora de camino, y los vecinos llevan tiempo denunciando la falta de efectivos de seguridad. Sin embargo, ahora la situación ha cambiado: patrullas vigilan las entradas y salidas, controlan vehículos y registran infracciones. Solo en una noche, de viernes a sábado, unas 90 personas abandonaron la zona tras ser identificadas y revisadas por la policía.
A pesar del refuerzo de las medidas, resulta imposible tener la situación completamente bajo control. Los organizadores de la fiesta no colaboran con las autoridades y los asistentes siguen celebrando como si nada ocurriera. En la ciudad se respira una tensa expectación: ¿cuándo terminará todo esto?
Esperanza en el frío
El alcalde confía en que el frío disuada a los visitantes y que se marchen antes de lo previsto. De momento, incluso los food trucks siguen funcionando en el polígono, y la fiesta se asemeja a una ciudad autónoma dentro de la ciudad. Las autoridades piden a los propietarios de almacenes que refuercen los accesos para que situaciones similares no vuelvan a repetirse.
La situación en La Sènia se ha convertido en una verdadera prueba para los vecinos y la policía. La ciudad, acostumbrada a una vida tranquila, se ha visto en el centro de atención de toda Cataluña. Mientras algunos confían en que la fiesta termine pronto, otros ya piensan en cómo protegerse de sorpresas similares en el futuro.












