
El 28 de octubre España vive una huelga estudiantil masiva que une a jóvenes de todos los rincones del país. Ese día, miles de alumnos de escuelas e institutos abandonan las aulas para protestar contra la inacción del sistema ante la violencia y el acoso escolar.
El detonante de esta movilización fue la tragedia de Sevilla, donde Sandra Peña, de 14 años, fue víctima de bullying. Su historia conmocionó a la sociedad y disparó la alarma sobre los problemas reales dentro de los centros educativos. Los jóvenes exigen no solo justicia para Sandra, sino también cambios estructurales para que hechos así no vuelvan a repetirse.
Los organizadores de la protesta exigen la dimisión inmediata de la dirección del colegio Irlandesas de Loreto y la retirada de su financiación pública. Además, reclaman que haya psicólogos y especialistas en atención a la adolescencia en cada centro educativo. Sostienen que solo así se puede garantizar un entorno seguro para todos los alumnos.
Ese día se celebran concentraciones en decenas de ciudades, desde Madrid y Barcelona hasta Valencia, Sevilla, Bilbao y Palma. En cada región, los jóvenes se reúnen en las plazas principales para reclamar cambios urgentes. Los manifestantes insisten en que el entorno educativo debe estar libre de discriminación, violencia y cualquier forma de odio.
Entre las demandas se encuentra la implementación de programas efectivos para prevenir el acoso escolar y el suicidio adolescente. Se presta especial atención a la lucha contra el sexismo, el racismo y la LGBTfobia en los colegios. Los jóvenes están convencidos de que solo con un esfuerzo conjunto se logrará que los centros educativos sean verdaderamente seguros para todos.
La huelga de hoy no es solo una protesta, sino un llamamiento a los adultos a no permanecer indiferentes. La juventud española muestra su determinación para luchar por sus derechos y su salud, así como por un futuro donde cada niño se sienta protegido.












